Agua, Isabel Cuenca

Agua, Isabel Cuenca

El agua parece comportarse en España de una forma bipolar y nuestra relación con la misma también. Hemos atravesado en el país una fuerte sequía que es continuación de la que llevábamos arrastrado durante unos años  y de pronto los cielos se han abierto dándonos la impresión de que nunca iba a dejar de llover. A  finales del verano parecía casi obligado en los informativos sobre el tiempo y también en los medios, hablar de la escasez de agua almacenada en pantanos y el poco caudal de los ríos. Ahora se ha invertido el proceso y vemos imágenes de ríos desbordándose y pantanos que en muchos casos superan el 80% de su capacidad. Nuestro estado de ánimo también cambia, pasamos de la angustia y la preocupación a un estado de euforia, pensando que ya está todo resuelto y que la sequía se ha acabado.

¿Con qué nos quedamos? ¿Qué debemos hacer?

En primer lugar, no generalizar. En algunas zonas de España, por ejemplo, en el levante español las lluvias siguen siendo muy necesarias porque las borrascas atlánticas apenas han llegado y por tanto, la escasez de agua se mantiene. La media de agua embalsada en sus pantanos dista mucho de la media del año anterior y esa distancia es aún mayor si tenemos en cuenta la media de los últimos diez años. En Castilla-La Mancha el agua embalsada supera a la del año pasado por estas fechas, pero tampoco alcanza la media  de los últimos diez años. Andalucía está a punto de llegar a esa  media, aunque no es igual por todas las zonas y la Región Murciana está en una situación de auténtica escasez.

Ha llovido mucho en casi toda España pero esa agua ha caído en muy pocos días. Es una obviedad decir que si la misma cantidad caíd hubiera estado distribuida en un tiempo mayor, los efectos beneficiosos para el campo y para los embalses se hubieran acrecentado mucho más, y los nocivos, como las inundaciones o la pérdida de suelo fértil no se hubieran producido, al menos con tanta intensidad.

Por tanto, y resumiendo mucho hay que decir, que la sequía en España no se puede dar por acabada.

Las proyecciones que hay para España con relación al cambio climático nos dicen que precisamente los períodos de sequía se van a acrecentar y por tanto tenemos que planificar bien el uso y la gestión del agua para que la población no se vea afectada y la agricultura e industria también puedan disponer de ella. ´

Los estudios realizados por distintos expertos en España y el cálculo de la huella hídrica (cantidad de agua que se consume o contamina en la cadena de producción de un producto, definición de Arjen Hoekstra, creador de este concepto) nos dicen que esta huella en España crece año tras año. Esto significa que algo estamos haciendo mal.

Nos corresponde a todos tener conciencia de que estamos en un momento crucial para tomar decisiones sobre cómo afrontar en cambio climático para reducir las consecuencias negativas y así garantizar el derecho al agua y saneamiento de toda la población, mantener los humedales y los ríos en condiciones sostenibles y detener la sobreexplotación y contaminación de nuestros acuíferos. Lógicamente las responsabilidades no son las mismas para la población, los gestores del agua o las administraciones.

Siendo preocupante la situación del agua dulce en España debemos ser conscientes de que en muchas partes del mundo esta situación es mucho peor, incluso dramática. Según el WRI (World Resources Institute), Oriente Medio es la región más vulnerable, de hecho, lugares como Palestina tienen ya lo que se denomina estrés hídrico  y tendrán aún más como con consecuencia del cambio climático. Conocemos desde hace tiempo la sequía crónica que existe en el Cuerno de África, agravada en estos últimos años y  países de América como Brasil, Honduras, Guatemala, Chile o Perú han atravesado en los últimos años las peores sequías de las que se tiene conocimiento.

 Al concepto de huella ecológica, hay que añadir el de agua virtual que es la cantidad de agua que se utiliza de forma directa o indirecta para la realización de un bien, alimento, producto o consumo. Pongamos algunos ejemplos:

1 litro de leche….              1.000 litros de agua

1 taza de café                    130 litros de agua

1 taza de té                       30 litros de agua

1 kilo de azúcar                 1.500 litros de agua

1 kilo de queso                  5.000 litros de agua

1 kilo de carne de pollo     4.000 litros de agua

1 kilo  de carne de ternera 15.000 litros de agua

Una camiseta de algodón   2.700 litros de agua

Unos zapatos                     8.000 litros de agua

¿Todo esto qué significa?

Tendremos que plantearnos nuestro modo de vida y nuestra forma de alimentarnos, ya que como hemos visto, el consumo de productos animales requiere mucha más agua que el consumo de vegetales. Para solucionar el problema del agua y el difícil acceso futuro a la misma, suficiente y de calidad, será cada vez más difícil en muchas zonas, lo que hace predecir a los expertos fuertes tensiones y guerras por esta razón. No existe una solución única, sino la combinación de diversos elementos como pueden ser una gestión eficaz, plantación de árboles que retengan la misma, cambios en el tipo de agricultura, ganadería más racional, industrias más eficientes y menos contaminantes, etc.

Para terminar recordamos las palabras de Francisco en Laudato Sí: “Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres. Pero se advierte un derroche de agua no sólo en países desarrollados, sino también en aquellos menos desarrollados que poseen grandes reservas. Esto muestra que el problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran inequidad” (LS, 30).

Isabel Cuenca Anaya, secretaria general de Justicia y Paz