Algunas claves de VIII Informe FOESSA

Algunas claves de VIII Informe FOESSA

Cada cinco años, la Fundación FOESSA de Cáritas Española, publica un profundo y extenso informe sobre exclusión y desarrollo social en España. Es un estudio de sociología aplicada llevado a cabo por numerosos investigadores de universidades españolas. Si en 2014 el anterior Informe se centraba en la crisis, el actual Informe FOESSA es un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos tras la “gran recesión”. Los datos construyen un relato, que da cuenta del estado actual de la cohesión social, de cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión y cómo estamos enfocando la salida como sociedad. El informe muestra los caminos que transita la sociedad española, las brechas que en los últimos tiempos amenazan con romper ese camino y las encrucijadas ante las que nos encontramos actualmente. Un diagnóstico global del momento en el que vivimos cuyo desenlace permanece indeterminado.

 

El VIII Informe FOESSA es también un proyecto pedagógico. Por eso encontrareis videos, gráficos interactivos en  la web que ayudan a entender los principales análisis del informe https://www.foessa.es/viii-informe/ Os invitamos a acceder a ella y visionar los materiales.

 

En 2014 el anterior Informe FOESSA había estudiado algunos fenómenos sociales que ahora en 2019, se consolidan y abren auténticas brechas en nuestro sistema social y democrático. La desigualdad, el individualismo, la debilidad de los sistemas de gobernanza globales, la erosión de las instituciones públicas, el ascenso de los particularismos y las actitudes reactivas y xenófobas, están hipotecando hoy nuestro futuro como sociedad democrática.

 

El informe constata que estamos ante una salida “fallida” de la recesión. El modelo actual que estamos construyendo nos está dividido en cuatro grandes núcleos o “sociedades”.

 

El primero, el de la sociedad de las oportunidades o “sociedad soberbia”, en la que 32 millones de españoles nos movemos, en general, movidos por la búsqueda del bienestar que creemos encontrar a través del consumo. Es la sociedad que consume, dirige y apenas empatiza, que es dueña de su destino y condiciona el de los demás. A cada uno le compete salir adelante él y los suyos y cada vez es más indiferente a la suerte de los demás ciudadanos.

 

En la sociedad insegura se encuentran 6 millones de personas; es un grupo creciente que va dejando de tener acceso a la sociedad de las oportunidades debido a que el empleo precario o el desempleo y el precio de la vivienda les está dejando fuera del acceso un proyecto vital sólido. El empleo ha dejado de ser garantía de inclusión social. La característica principal de este grupo es la incertidumbre ante el futuro y el miedo a estancarse.

 

La sociedad estancada, compuesta por 6.7 millones de españoles que ya se encontraban así antes de la crisis y que continúan hoy en el mismo lugar. Son ciudadanos cuyo único proyecto es buscarse la vida para cubrir los mínimos vitales. Se sienten fuera del sistema, desconfían de las instituciones, aunque acuden a organizaciones a pedir ayuda. han dejado de participar en la vida social y política y su sentimiento es el de estar a la intemperie, desamparados.

 

Y, por último, la sociedad expulsada, casi dos millones de personas en pobreza severa, que han roto sus vínculos con las redes familiares y de apoyo que se han sobrecargado de tal manera que les han dejado solos. Han quedado fuera del sistema de protección social que ya no piensa en ellos. No han vínculo con ciudadanos de otras “sociedades”, no esperan nada de casi nadie. Su sentir predominante es la desesperanza.

 

La gran desvinculación

El resultado de estos procesos es, tomando prestada la expresión de Bauman, que en España estamos asistiendo a la gran desvinculación.  En el nivel micro, la desvinculación de los demás por el individualismo; en el nivel macro, la desvinculación de los ciudadanos de lo público.

 

Se consolida el individualismo posesivo y meritocrático, que sitúa en el tener la fuente de la realización personal. El principio que regula las relaciones humanas es la competencia, lo que nos aleja cada vez más de una sociedad socialmente equitativa y ecológicamente sostenible. De hecho, se constata cómo las relaciones humanas en todos los niveles se han hecho más frágiles.

 

Vivimos en una sociedad desordenada y de ahí deviene nuestra inseguridad. Somos ciudadanos con tendencia a aislarnos, inmersos en un permanente avance tecnológico y, a la vez, en una creciente rebaja social. Estamos muy preocupados por nuestro modelo de protección social, lo defendemos porque sentimos que está en peligro, y, con él, nosotros mismos. Pero al mismo tiempo vemos con recelo los impuestos, sentimos que ya pagamos demasiado y desconfiamos de las administraciones públicas.

 

El Informe constata que la desconfianza y el miedo están detrás de muchas actitudes reactivas que vivimos hoy en España y en Europa, especialmente la xenofobia, el auge de los populismos, la vuelta al bilateralismo y a la defensa de los intereses nacionales por encima de cualquier consideración respecto al bien general. En suma, un descenso de la ciudadanía que confía en el sistema democrático y en sus instituciones y de la participación en movimientos asociativos. Las dinámicas que mueve el miedo y la desconfianza son muy parecidas a escala humana y a escala de países o Europa.

 

La «recuperación de la economía» ha desvelado que son las bases de la sociedad democrática las que se tambalean. La inseguridad demográfica y la quiebra de la reproducción vital, la fragilidad democrática, la creciente desigualdad y la pérdida de vínculos entre las personas, no se deben al impacto de la recesión. Vienen de atrás y suponen quiebras estructurales. Los riesgos sociales no se producen de forma natural, sino que son el producto de una concreta dinámica social.

Por ello, la salida de esta situación es comunitaria o no es. Y pasa por la reconstrucción de vínculos, por la sociedad de los cuidados, por alimentar espacios de intercambio y solidaridad en la que los últimos tengan cabida, sean invitados a la participación. Es una responsabilidad a la que estamos llamados todos y todas.

Francisco Prat
Responsable de Formación
Área de Desarrollo Organizativo

Cáritas Española