Christus vivit: Caminos de justicia y paz para la juventud

Christus vivit: Caminos de justicia y paz para la juventud

El papa Francisco ha escrito una bellísima exhortación apostólica bajo el título Christus Vivit a partir de las propuestas del Sínodo sobre la juventud celebrado el pasado mes de octubre. En el proceso de preparación del Sínodo participó Justicia y Paz animando a su vez al Foro de Laicos para que reflexionara sobre el tema. En España, gracias a organizaciones juveniles católicas como la JOC y la JEC, se unieron a este análisis jóvenes que no participan de nuestra fe.
 

La metodología de trabajo que se empleó para el Sínodo es la misma que se está utilizando para organizar en España el Congreso de Laicos que tendrá lugar el próximo año. También se nos anima a reflexionar, de cara al desarrollo de dicho Congreso, tanto por entidades como a nivel diocesano.


Christus vivit consta de nueve capítulos distribuidos en un total de 299 puntos. El texto va ganando en belleza y profundidad punto por punto y se dirige a todo el Pueblo de Dios. En muchísimos momentos el Papa habla directamente a la juventud usando el pronombre personal “tú” en sus diversas formas (“te”).

Ecos del Sínodo

 

El Papa se ha hecho eco de las palabras del Sínodo en muchísimas ocasiones. Entre las ideas que ha recogido se pueden destacar:

- Una Iglesia atenta a los signos de los tiempos. «Para muchos jóvenes Dios, la religión y la Iglesia son palabras vacías, en cambio son sensibles a la figura de Jesús, cuando viene presentada de modo atractivo y eficaz» (n. 39).
- Ustedes son el ahora de Dios. «A veces predomina la tendencia a dar respuestas preconfeccionadas y recetas preparadas, sin dejar que las preguntas de los jóvenes se planteen con su novedad y sin aceptar su provocación» (n. 65).
- Muchas juventudes. «Aun en un contexto de globalización creciente, los Padres sinodales han pedido que se destacaran las numerosas diferencias entre contextos y culturas, incluso dentro de un mismo país» (n. 68).
- Juventud de un mundo en crisis. «Muchos jóvenes viven en contextos de guerra y padecen la violencia en una innumerable variedad de formas: secuestros, extorsiones, crimen organizado, trata de seres humanos, esclavitud y explotación sexual, estupros de guerra, etc.» (n. 72).
- Las personas migrantes como paradigma de nuestro tiempo. «En algunos países de llegada, los fenómenos migratorios suscitan alarma y miedo, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así una mentalidad xenófoba, de gente cerrada y replegada sobre sí misma, ante la que hay que reaccionar con decisión» (n. 92).
- Poner fin a todo tipo de abusos. «Existen diversos tipos de abuso: de poder, económico, de conciencia, sexual. Es evidente la necesidad de desarraigar las formas de ejercicio de la autoridad en las que se injertan y de contrarrestar la falta de responsabilidad y transparencia con la que se gestionan muchos de los casos. El deseo de dominio, la falta de diálogo y de transparencia, las formas de doble vida, el vacío espiritual, así como las fragilidades psicológicas son el terreno en el que prospera la corrupción» (n. 98).
- Juventud comprometida. «Aunque de forma diferente respecto a las generaciones pasadas, el compromiso social es un rasgo específico de los jóvenes de hoy. Al lado de algunos indiferentes, hay muchos otros dispuestos a comprometerse en iniciativas de voluntariado, ciudadanía activa y solidaridad social, que hay que acompañar y alentar para que emerjan los talentos, las competencias y la creatividad de los jóvenes y para incentivar que asuman responsabilidades. El compromiso social y el contacto directo con los pobres siguen siendo una ocasión fundamental para descubrir o profundizar la fe y discernir la propia vocación […]. Se señaló también la disponibilidad al compromiso en el campo político para la construcción del bien común» (n. 170).
- Una pastoral sinodal. La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros [de la Iglesia], mediante un dinamismo de corresponsabilidad» (n. 206).
- Una pastoral popular juvenil. En lugar de «sofocarlos con un conjunto de reglas que dan una imagen estrecha y moralista del cristianismo, estamos llamados a invertir en su audacia y a educarlos para que asuman sus responsabilidades, seguros de que incluso el error, el fracaso y las crisis son experiencias que pueden fortalecer su humanidad» (n. 233).
- El acompañamiento de las personas adultas. «Muchos han hecho notar la carencia de personas expertas y dedicadas al acompañamiento» (n. 244).
- El amor y la familia. «La familia sigue siendo el principal punto de referencia para los jóvenes. Los hijos aprecian el amor y el cuidado de los padres, dan importancia a los vínculos familiares y esperan lograr a su vez formar una familia» (n. 262).
- El trabajo. El Sínodo remarcó que el mundo del trabajo es un ámbito donde los jóvenes «experimentan formas de exclusión y marginación. La primera y la más grave es el desempleo juvenil, que en algunos países alcanza niveles exorbitados. Además de empobrecerlos, la falta de trabajo cercena en los jóvenes la capacidad de soñar y de esperar, y los priva de la posibilidad de contribuir al desarrollo de la sociedad» (n. 270).
- El discernimiento. «Formar la conciencia es camino de toda una vida, en el que se aprende a nutrir los sentimientos propios de Jesucristo, asumiendo los criterios de sus decisiones y las intenciones de su manera de obrar (cf. Flp 2,5)» (n. 281).

Las propuestas del Papa

El Papa propone una Iglesia que abandone esquemas rígidos y se abra a la escucha disponible y atenta de los jóvenes. Esta empatía enriquece a la Iglesia, porque «permite que los jóvenes den su aportación a la comunidad, ayudándola a abrirse a nuevas sensibilidades y a plantearse preguntas inéditas» (n. 65).

Francisco propone a la juventud no solo un servicio al interno de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.), sino, ante todo, la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política, un compromiso concreto desde la fe que construya una sociedad nueva, vivir en medio del mundo y de la sociedad para evangelizar sus diversas instancias, hacer crecer la paz, la convivencia, la justicia, los derechos humanos, la misericordia, y así extender el Reino de Dios en el mundo (n. 168).

 

Les pide, sobre todo, de una manera o de otra, que sean luchadores por el bien común, servidores de los pobres, protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial (n. 174).

 

Fco. Javier Alonso Rodríguez
Presidente