Crisis del derecho a la vivienda (2ª parte)

Crisis del derecho a la vivienda (2ª parte)

Trataré, en este segundo artículo sobre la crisis del derecho a la vivienda, de ofrecer alguna luz de esperanza para hacer realmente  efectivo  aquello que no se cumple,  a pesar de  los textos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Constitución española y otros muchos textos legislativos y declaraciones de la Iglesia, y que muchas personas consideran simples proclamaciones formales o meras utopías.

 

Como creyentes proclamamos el mensaje evangélico, basado  en el principio de la dignidad  igual e  irrenunciable de todos los seres humanos, y afirmamos  que no existen utopías  que no  puedan realizarse. Por ello iniciaré este recorrido con  ideas y conceptos inspirados en  la Enseñanza social de la Iglesia y otros textos del magisterio:

 

- Principio personalista: Estamos ante una necesidad básica, un derecho fundamental de toda persona a tener una vivienda digna donde desarrollar su vida de familia. Necesidad de refugio, de intimidad, de espacio suficiente y en condiciones adecuadas…

- Principio de bien común: Es una obligación, principalmente de las instituciones públicas, crear las condiciones más idóneas para el desarrollo de las personas. Se necesitan  políticas de vivienda que garanticen el derecho de todos a optar una vivienda, y  que no se están cumpliendo .

- Destinación universal de los bienes de la tierra: El derecho a la propiedad privada no puede estar por encima del derecho más original y básico que es el hecho que los bienes de la tierra tienen que poder llegar a todos según sus necesidades. La especulación del suelo y de la vivienda no pueden predominar sobre el derecho de todos a una vivienda digna.

- Opción preferencial por  los pobres: Es evidente que quienes no disponen de vivienda digna entran de lleno en esta categoría. Es necesario salir al paso de las personas que se encuentran  en emergencia habitacional y reclamar políticas que las atiendan.

 

De todo esto, se deduce que la situación que viven las personas con problemas de vivienda y la poca intensidad de las medidas para solucionarlo contradicen abiertamente el pensamiento de la Enseñanza social de la Iglesia.

 

Como afirma un reciente informe de Cáritas diocesana de Barcelona (mayo 2019), después de poner de relieve las los  escandalosos datos de las cifras y estadísticas, que ya comenté  en el anterior artículo:  “La vivienda no es una simple mercadería sino un bien de necesidad básica para cualquier persona. La concepción mercantilista de la vivienda como bien de consumo ha dado como resultado que actualmente, la vivienda sea el negocio legal que más dinero mueve en el mundo, según el informe de la Relatora especial de Vivienda de Naciones Unidas".

 

De aquí que Caritas  esté promoviendo  iniciativas concretas, que Justicia y Paz  comparte y  en las que participa activamente, con estas gráficas expresiones:

“LA VIVIENDA ES LA  LLAVE: Un hogar es más que un techo y 4 paredes.

 Un hogar es:

- Un lugar donde siempre puedes volver después de un día duro.

- Es un sitio donde te sientes a gusto, tranquilo, acompañado.

- Donde puedes ser tú mismo y descansar, coger fuerzas, cargar pilas.

- Es donde te sientes seguro, protegido, resguardado.

- Donde puedes mirarte la vida que tienes por delante y organizarte, planificar, desear, soñar.

- Es donde construyes tu identidad y proyecto de vida, personal y familiar”.

 

En definitiva,  la problemática estructural de falta de vivienda asequible y que incluya los valores enunciados es una urgencia de primer orden, que es necesario afrontar con decisiones valientes de una vez por todas.

 

Así las políticas  y actitudes actuales deben cambiar radicalmente para incidir en los siguientes ámbitos concretos:

- Mayor inversión pública, vía presupuestos, en  promoción de vivienda social  incluyendo adquisición de suelo, para  por lo menos  acercarla a los índices de los países de nuestro entorno.

- Estímulo a la promoción de vivienda del sector privado para alquiler social, via  incentivos  fiscales e incluso, establecimiento de porcentajes para este fin en todas las promociones (como se ha hecho en Barcelona, fijando un porcentaje del 30%).

- Facilitar o imponer derechos de tanteo y retracto para las ventas de viviendas de entidades bancarias a fondos de inversión.

- Otorgar mayor establidad para la vida familiar mediante incremento  de los plazos mínimos de duración en los contratos de arrendamiento de viviendas (por lo menos de 10 años).

- Proponer  o  mejorar  fórmulas creativas pero realistas para el control  o “tope” de las rentas, mediante determinados índices como los establecidos, con éxitos no siempre absolutos, en muchas grandes ciudades europeas (Paris, Berlin, Viena, Amsterdam, y recientemente Barcelona  y Valencia) o el “equocanone” que funcionó durante años en Italia, pero que los últimos  gobiernos  ha suprimido.

 

Varias de estas fórmulas se están ensayando o planteando en nuestro país pero con avances muy lentos, intercalados con  lamentables bloqueos o  retrocesos  parlamentarios o  jurisdiccionales, propiciados por la complicada situación política y falta de decisión desde el liderazgo.

 

Si no callamos y empujamos en este empeño  con  decisión y valentía  a agentes políticos y  sociales, incluyendo a nuestras comunidades cristianas y a la iglesia,  seguro que habremos dado un gran paso  hacia una sociedad más justa, fraterna y evangélica.

 

Eudald Vendrell, vicepresidente
Comisión General de Justicia y Paz