Derechos Humanos a pie de calle. Justicia y Paz en el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

 Derechos Humanos a pie de calle. Justicia y Paz en el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Al atardecer del  día 10 de diciembre de 1.948, en el Palacio Chaillot de París, el mismo lugar donde tan sólo ocho años antes, Hitler se había asomado para ver la torre Eiffel en su visita relámpago a una Paris  recién ocupada por los nazis,  la Asamblea General  de Naciones Unidas proclamaba solemnemente la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Atrás quedaban tres años de intenso trabajo de un grupo de visionarios generosos que coordinados por Eleonor Roosevelt fueron capaces ver más allá de los intereses miopes de los Estados y sobreponerse a las presiones egoístas de sus respectivos gobiernos en medio de un ambiente de inminente guerra fría . Un ambiente que poco a poco estaba haciendo olvidar los horrores y las atrocidades del conflicto que acababa de terminar.

Los Derechos Humanos se asentaban a través de la Declaración como referente de la dignidad de la persona . Una dignidad fundamentada en la Paz y la Justicia.  Sin embargo, ello no era suficiente. Se hacía preciso “aterrizar” estos derechos. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, junto a sus respectivos protocolos, serían los instrumentos que permitirían este aterrizaje y  conformarían lo que hoy  se conoce como “La Carta” de Naciones Unidas.

Con todo, restaba aún el elemento decisivo: Que estos derechos se aplicaran. Que fueran de verdad efectivos. Ello sólo se podría conseguir si se daban tres elementos: En primer lugar unas sociedades concienciadas de los mismos. En segundo lugar unos gobiernos comprometidos firmemente con su cumplimiento a través del respeto a su ejercicio , su promoción y su  no obstaculización. Y, por último, la existencia de unos mecanismos de vigilancia y control internacional que obligaran a los estados a rendir cuentas periódicamente ante los organismos de las Naciones Unidas.

A día de hoy todavía existe un importante déficit en el primer elemento. La conciencia de tener unos derechos inalienables , más allá de que los Estados los reconozcan o no, está lejos de conseguirse. Todavía hay numerosos funcionarios públicos (docentes, juristas, policías, cuerpos de las distintas administraciones públicas) con escasa o nula cultura de derechos humanos. También la conciencia de exigir el cumplimiento de los mismos o el conocimiento de los recursos que permitan hacerlo está lejos de ser generalizada por la población. Todavía la educación para la ciudadanía y los derechos humanos es percibida con recelo en según qué círculos. Todavía, las asignaturas relativas a los derechos humanos no forman parte de los curricula universitario, ni explícitamente ni transversalmente, al menos de un modo suficiente. Todavía en los temas preparatorios de oposiciones a cuerpos públicos de las administraciones los derechos humanos tienen muy poca presencia. Todavía en las familias el discurso de los derechos humanos no está presente. Todavía en las distintas religiones mencionar los derechos humanos es casi anatema.

En relación al segundo elemento, si bien es cierto que referencias a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a los textos de las Naciones Unidas se encuentran presentes en no pocas constituciones, lo cierto es que dichas referencias a menudo no pasan de ser  desideratas  o meras expresiones de voluntad de que los derechos puedan servir de  marco inspirador y/o en su caso interpretativo a la hora de aplicar la legislación, siendo su positivación a menudo insuficiente  o  incompleta. Así sucede en el caso español, en el que existe un criterio interpretativo general (artículo 10.2 de la Constitución) pero en la práctica hay diferente tratamiento en la protección de los derechos según sean estos civiles y políticos o económicos, sociales y culturales.

Finalmente, y en relación al tercer aspecto, existe, en general poco entusiasmo por parte de los estados a ser examinados por los diversos comités de la ONU acerca de cómo han cumplido los derechos.  Si bien  es cierto que la práctica totalidad de los países signatarios cumplen con su obligación de presentar regularmente informes periódicos y no suelen poner obstáculos a las visitas de  relatores y  expertos.  Cuestión  bien distinta es que los gobiernos atiendan las recomendaciones que dichos comités les hacen a fin de ajustar su práctica a la letra de los textos. Cabe destacar en este sentido que sólo cuando existen  protocolos  suscritos por los Estados hay verdadera garantía de control y se abre la puerta a la verdadera justiciabilidad de los derechos.  El papel de las ONG´s con estatuto consultivo en Naciones Unidas es, en este campo esencial .

 

Justicia y Paz : 50 años defendiendo los derechos Humanos.

La historia de los derechos humanos en España no puede entenderse sin la presencia de Justicia y Paz. Una institución que  lleva cincuenta años comprometida  con su promoción y defensa. Una trayectoria de coherencia y compromiso que avala su trabajo  y  le ha hecho ser reconocida y respetada a pesar de los escasos medios con los que cuenta .

Hitos de este recorrido son: la apuesta decidida por la democracia en tiempos del franquismo, la defensa de la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio. El posicionamiento frente al militarismo, a favor de la abolición de la deuda externa, entre otros.

Justicia y Paz ha participado activamente en las sesiones del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (antes Comisión de Derechos Humanos) presentando posicionamientos y realizando intervenciones. Ha colaborado con otras entidades  en la realizacion de informes alternativos a los presentados por los Estados en sus sesiones periódicas desde su pertenencia a la Federación de Derechos Humanos de la que es miembro fundador.

En la actualidad Justicia y Paz desarrolla su trabajo en numerosos ámbitos: El derecho a un medio ambiente saludable tiene su traducción en la ampaña: “Enlázate por la Justicia”; la protección a los derechos de los inmigrantes y refugiados se traduce en la participación en la “Red Migrantes con Derechos”. La lucha contra el tráfico de personas y los tratos crueles, inhumanos y degradantes se concreta en la participación en el grupo de trabajo contra la trata de personas de la Conferencia Episcopal Española .  Justicia y Paz  participa también activamente  en la campaña “Pobreza cero”, “minerales en conflicto”, la campaña contra la prisión permanente revisable, Iglesia por el trabajo decente  o “stop banca armada” entre otras.

 

El reto pendiente

Justicia y paz se siente profundamente eclesial y considera que la promoción de los Derechos Humanos y la divulgación de la Doctrina Social de la Iglesia es su manera de servir al Evangelio.

Quedan pendientes muchos retos en esta tarea. ¿Cómo asentar de una manera eficaz y duradera la cultura de los derechos humanos en la comunidad cristiana y en unas estructuras eclesiales tradicionalmente poco permeables?  ¿Cómo hacer adecuadas translaciones de modo que se pueda leer la doctrina social de la iglesia en clave de Derechos Humanos y viceversa? Retos todos ellos para los que será preciso más trabajo y más inspiración.

 

Emilio José Gómez Ciriano

Responsable de derechos Humanos de Justicia y Paz