Dios vio que era bueno

Dios vio que era bueno

    Mediante este versículo del Génesis, con el que inicia su mensaje para la V Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación, el papa Francisco nos recuerda la bondad de la creación. Las cualidades de bondad, belleza y don de la creación contrastan con el egoísmo del ser humano que, por el que el mandato de cuidado de la creación se convierte en explotación y en el deseo de un poder mal entendido, por el que se transforma la responsabilidad en imposición, explotación y el dominio sobre otros seres humanos.

 

    La creación, en ese momento, deja de ser un regalo para pasar a ser en “algo explotable”, el medio para conseguir beneficios económicos aunque esto implique el empeoramiento de la situación de algunas sociedades o, incluso, su desaparición. La deforestación, las emisiones de combustibles fósiles, los desplazamientos por las pérdidas de tierras… provocan la degeneración del medio ambiente, agravada por fenómenos como la escasez de agua en determinadas zonas del mundo, el aumento de las temperaturas globales, los fenómenos climáticos extremos o los numerosos y graves incendios sufridos este verano y los que todavía se están declarando en los últimos días.

 

    Hablar de la red de la creación nos recuerda que todo está conectado y que la destrucción de la casa común no implica solamente el deterioro del estilo de vida de los grupos sociales y las culturas más desfavorecidas, y constituye una “amenaza muy seria para la naturaleza y la vida, incluida la nuestra”. En la actualidad, la respuesta de Caín -¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?- se repite en una fraternidad cada vez más difusa que convierte a la casa común en “un teatro de rivalidad y enfrentamientos”, donde los intercambios económicos se rigen más por los intereses personales que por la búsqueda del bien común, y donde las relaciones personales también se van deteriorando en una sociedad en la que la soledad está cada vez más presente.

 

    Sin embargo, la creación es la “red social de Dios” que se convierte en un signo de esperanza. Por eso esta jornada de oración nos invita a tratar de recuperar esta armonía perdida y a volver a reconocernos “hermanos y hermanas en esta casa común”. Convivir en red conlleva recuperar este sentido de fraternidad, para lo que se hace necesario un proceso de conversión personal que permita “adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos”, que pongan a la persona humana en el centro de las relaciones socioeconómicas y estén encaminadas hacia el bien común.

 

    La invitación a la oración durante este Tiempo de la Creación, que comenzó el pasado 1 de septiembre y finaliza hoy 4 de octubre con la festividad de San Francisco de Asís, se convierte en un acto ecuménico, puesto que es “una ocasión para sentirnos aún más unidos con los hermanos y hermanas de las diferentes denominaciones cristianas” y así se ha concretado, por ejemplo, por cuarto año con la celebración de diferentes actos en Madrid organizados por la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal y el Arzobispado de Madrid.

 

    Por otra parte, el papa Francisco no se olvida de la necesidad de sensibilización de los líderes políticos para que consigan llegar a compromisos y soluciones estables y duraderas en la defensa del medioambiente y de los más desfavorecidos. La Cumbre de las Naciones Unidas para la Acción Climática del pasado mes de septiembre demostró que es necesario un compromiso mayor por parte de los Estados para cumplir los acuerdos alcanzados en París en 2015 y para plantear planes a largo plazo que demuestren un verdadero compromiso, lo que contrasta con las medidas tan a corto plazo que rigen la política actual. En este sentido, la Movilización Mundial por el Clima del pasado 27 de septiembre pone en evidencia la demanda creciente de soluciones en este tema por parte de la sociedad civil.

 

    Por último, no queremos dejar de hacer referencia a la celebración durante este mes del Sínodo de los Obispos sobre la Amazonia, una de las zonas más vulnerables del planeta, más si cabe después de los devastadores incendios del verano, y donde muchas comunidades se enfrentan a la vulneración de derechos humanos, como el derecho al territorio. Así, este sínodo se convierte en una oportunidad “para responder al grito de los pobres y de la tierra”.

 

    Desde la Comisión General de Justicia y Paz invitamos a continuar viviendo en el tiempo de la creación desde la esperanza, como un proceso de reflexión personal y desde nuestra implicación en el cuidado de la casa común.

 

María de la Cruz Hernández
Justicia y Paz Albacete y Murcia

 

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