El Cardenal Van Thuân: profeta de la esperanza cristiana

El Cardenal Van Thuân: profeta de la esperanza cristiana

El Cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuân con su ejemplo de vida es conocido en todos los continentes. Su característica más relevante era la de ser un hombre dotado de una inteligencia extraordinaria, con una facilidad de dialogar con las personas de cualquier nivel cultural. Su vocación era la de un pastor de almas que fascinaba por su espiritualidad, como gran gigante de la fe, un mártir por Cristo del siglo XX.

La situación histórica de su país le impuso el alejamiento de su diócesis, una inactividad obligada pero su preocupación era su pueblo. Su único deseo era que sus fieles se mantuvieran firmes en la fe y en la esperanza en Dios y conservaran las enseñanzas de la Iglesia. Su intensa actividad pastoral testimonia el empeño de dar a conocer Cristo y el espíritu del Concilio en su diócesis y en el país; su ardor pastoral se tradujo en lo que actualmente se denomina “Nueva Evangelización”.

El elogio de Papa Benedicto XVI durante la audiencia del 17 de septiembre de 2007 en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo en ocasión del anuncio de la Apertura de la causa de beatificación es un estímulo a seguir sus pasos: “Aprovecho con gusto la ocasión para subrayar… el luminoso testimonio de fe que este heroico Pastor nos ha dejado. ¿Cómo olvidar los sobresalientes rasgos de su sencilla e inmediata cordialidad? ¿Cómo no destacar la capacidad que tenía para dialogar y hacerse cercano a todos? Lo recordamos con mucha admiración, mientras vuelven a nuestra mente las grandes visiones, colmadas de esperanza, que lo animaron y que él supo proponer de modo fácil y cautivador; su fervoroso compromiso en la difusión de la doctrina social de la Iglesia entre las gentes pobres, el anhelo por la evangelización en su continente, Asia, la capacidad que tenía de coordinar las actividades de caridad y de promoción humana que promovía y sostenía en los lugares más recónditos de la tierra. … el Cardenal Van Thuân era “un hombre de esperanza”, “vivía de esperanza y la difundía entre las personas que encontraba. Gracias a esta energía espiritual resistió a todas las dificultades físicas y morales”.

El tema de la esperanza es una constante en sus primeros libros donde resalta esta frase: “el camino de la esperanza”. Es significativo que su origen provenga, sin duda, del largo periodo de reflexión de cuando fue privado de libertad por razones religiosas, suficiente para perder la esperanza. Este es el “milagro de la esperanza” que vivió el cardenal, pues creía contra toda esperanza, soportando las pruebas que el Señor le mandó hasta sus últimos días de vida. En el libro “Peregrinos en el camino de la esperanza” se percibe que su vida fue una sucesión de dificultades, aunque no eran obstáculo para cumplir apasionadamente los mandamientos, apoyado por su esperanza en Dios y dispuesto a seguir su voz en todo momento y lugar.

La esperanza es una senda, un programa de vida para toda persona cristiana, el papa Francisco, en el Mensaje de  la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, el 1° de enero de 2020, afirma que: “La esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables”.

Un empeño urgente y necesario de nuestra sociedad es infundir en la cultura semillas de esperanza y de paz. La humanidad tiene gran necesidad de "apóstoles de la esperanza”, como era el cardenal Van Thuân, que nos ayuden a evidenciar los fenómenos sociales, pues necesitamos crecer humana y espiritualmente, apoyándonos en la única base sólida que es Dios. Él sabe lo que nos conviene en cada momento de nuestra vida sea desde un punto de vista personal o trascendental, junto a los aspectos sociales y materiales.

Según el cardenal Van Thuân y de muchas otras personas a lo largo de los siglos, estamos llamados a aceptar el sufrimiento, a "esperar contra toda esperanza"; revivir constantemente la confianza en Dios, con la convicción de que Dios es el Señor de la historia, de la historia personal y social. Es una esperanza universal, que abarca a todas las personas en todas las situaciones, pues el plan de Dios es la salvación. Es una esperanza sobrenatural que mira principalmente al más allá y que estimula nuestro compromiso de mejorar las cosas de este mundo conscientes de que la vida futura depende de nuestras obras y esto implica vivir con coherencia y en paz.

La fe bíblica enseña que Dios es el Señor de la historia; nos da la seguridad de que nuestro destino no es ciego, sino que depende de un Padre amoroso; que tenemos la confianza y la certidumbre de alcanzar un mundo mejor. El sentido y la base del compromiso cristiano derivan de esta certeza, capaz de encender la esperanza a pesar del pecado que marca profundamente la historia humana. La gracia de la Redención y la unión con Jesús fortalece la esperanza de alcanzar un mundo más justo. El testimonio de la esperanza cristiana es uno de los elementos más fructíferos que la Iglesia y las personas cristianas deben ofrecerla a la humanidad.

La esperanza cristiana se fundamenta en la gracia sobrenatural pero, a la vez es una esperanza universal, que abarca a todos los hombres en todas las situaciones, pues Dios ama a todos. Su Hijo Unigénito ha muerto por todos y quiere que todos seamos salvos. Es una esperanza sobrenatural que mira principalmente al más allá y no se deja desanimar por las aparentes derrotas o desilusiones de esta vida. Es una esperanza que estimula nuestro compromiso de mejorar las cosas de este mundo.

Estas ideas se pueden resumir con un breve pensamiento del Card. Van Thuân en “El camino de la esperanza- testificar con alegría el ser cristiano”, n. 623: «La verdadera revolución, aquella que será capaz de transformarlo todo, desde el insondable corazón del hombre a las estructuras políticas, económicas y sociales, no se podrá hacer sin el hombre ni sin Dios. Se realizará “para el hombre, en Cristo y con Él”. Lucha por esta revolución mundial».

Luisa Melo Leyton