El Vaticano impulsa el tratado de prohibición del armamento nuclear

El Vaticano impulsa el tratado de prohibición del armamento nuclear

Es conocido que el viernes 7 de julio de este año Naciones Unidas aprobó el “Tratado de Prohibición de Armas Nucleares”, y que la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, una agrupación de 486 organizaciones en 101 países) recibirá en Estocolmo el próximo 10 de diciembre el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a todos sus años de trabajo en pro de este objetivo.

El liderazgo internacional del Papa Francisco y su compromiso personal e institucional para la adopción de esta normativa internacional se ha hecho manifiesto muy recientemente con dos actos muy importantes. Por un lado, la firma del Tratado de Prohibición en septiembre por parte del Estado Vaticano y, por otro, la organización de la Conferencia internacional “Perspectivas por un mundo libre de armas nucleares y por el desarrollo integral”, que se ha celebrado los días 10 y 11 de noviembre en el Vaticano.

Esta Conferencia, organizada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Ingegral, liderado por el Cardenal Turkson, ha reunido a líderes religiosos y representantes de la sociedad civil con representantes cualificados de estados y organizaciones internacionales, académicos y premios Nobel de la Paz. Su objetivo principal era poner de manifiesto las conexiones entre desarme integral y desarrollo integral, así como explorar las relaciones entre desarrollo, desarme y paz, bajo la idea de que “todo está conectado”, tan insistentemente repetida por el Papa Francisco. Además, los más de 300 participantes invitados a la misma han tenido la oportunidad de interactuar, establecer contactos y proponer acciones conjuntas que sin duda recogerán sus frutos en un futuro próximo. La Comisión General de Justicia y Paz de España participó con una representación encabezada por Isabel Cuenca, su Secretaria General, y por Ángel Ballesteros y Ton Broekman, miembros del grupo de trabajo sobre “Desarme Nuclear” de la Comisión General.

Durante la Conferencia fueron muchas las ideas que afloraron para contribuir desde muy diferentes perspectivas a la construcción de un mundo sin armas nucleares y en paz. Destacamos, entre ellas, las siguientes:

1. El uso y posesión de armas nucleares merece una clara condena, ya que se trata de armas indiscriminadas y desproporcionadas. En palabras del Papa Francisco durante su alocución a los asistentes, “si tenemos en cuenta el riesgo de una detonación accidental como resultado de cualquier tipo de error, la amenaza de su uso así como su mera posesión debe condenarse firmemente”. Esta condena de la posesión de las armas nucleares supone una novedad importante en la posición de la Iglesia sobre las armas nucleares, y fue destacada por muchos participantes, así como por la prensa internacional.

2. La razón fundamental que apoya esta condena es que la disuasión nuclear no enfrenta adecuadamente los desafíos de la seguridad en un mundo multipolar. En marzo de 2017 el Papa Francisco ya había escrito: “Si tomamos en consideración las principales amenazas para la paz y la seguridad junto con sus múltiples dimensiones en este mundo multipolar del S. XXI como, por ejemplo, el terrorismo, los conflictos asimétricos, la ciberseguridad, los problemas medioambientales, la pobreza, etc., no son pocas las dudas que aparecen a propósito de la inadecuación de la disuasión nuclear como una respuesta efectiva a todos estos desafíos”.

3. Por otro lado, la disuasión nuclear no genera paz segura o estable, sino que fundamentalmente contribuye al miedo y alimenta el conflicto futuro. De nuevo en palabras del Papa Francisco “Las armas de destrucción masiva, particularmente las armas nucleares, no crean sino un falso sentimiento de seguridad”. Así mismo, generan una cultura de “intimidación mutua” que contribuye muy poco a la mejora de las relaciones internacionales y promueve una barrera coercitiva profundamente desigual entre los países que poseen armas nucleares y los que no las tienen. Los actuales planes de modernización de arsenales nucleares, la cada vez mayor tendencia a la construcción de sistemas de armas mixtos convencionales-nucleares y los intentos de nuevos países para incluirse al grupo de los que poseen armamento nuclear son motivos de grave preocupación. Por ello, los tratados de No Proliferación no están mostrándose suficientemente efectivos, y es necesario dar pasos más ambiciosos.

4. Un aspecto muy resaltado en a lo largo de toda la Conferencia fue que el gasto en armas nucleares desperdicia recursos que se necesitan para abordar las raíces de los conflictos, la promoción de la paz y el desarrollo humano integral. En general, se denunció que el gasto militar mundial (de más de 1,7 billones de dólares en la actualidad) es absolutamente desproporcionado. Es conocido que con tan sólo una décima parte del mismo podrían abordarse con éxito los desafíos más urgentes del hambre y la pobreza en el mundo. Por otro lado, la mera existencia de ese montante de dinero destinado a armamento pone de manifiesto que los gobiernos sí pueden disponer de los medios financieros necesarios para actuar decididamente sobre el rumbo del mundo, pero que no tienen voluntad política de hacerlo en la dirección de la justicia internacional y la paz.

5. Se ha puesto también de relieve que las consecuencias humanitarias del uso de las armas nucleares son devastadoras y de carácter planetario. Cualquier detonación nuclear, ya sea por mero accidente o intencionada, supondrá una catástrofe humana y ecológica de imprevisibles consecuencias. A este respecto, el testimonio de los “Hibakusha”, supervivientes de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki que asistieron a la Conferencia, fue conmovedor. Su experiencia y su dolor resuenan como llamada profunda para que la Humanidad no repita el mismo error en ningún lugar ni tiempo futuro.

6. Es importante destacar que un mundo sin armas nucleares es posible. El Papa Francisco animó a todos a esperar que “…un progreso que sea efectivo e inclusivo para todos puede alcanzar la utopía de un mundo libre de mortales instrumentos de agresión…”. La presencia en la Conferencia de numerosas organizaciones de la sociedad civil, representantes de organizaciones internacionales, académicos y personas comprometidas con el objetivo del desarme nuclear hace albergar la esperanza de que este objetivo es realmente factible. Hace no mucho tiempo la existencia de un Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares se consideraba un ideal inalcanzable, que sin embargo se ha visto cumplido este año. Es necesario seguir trabajando intensamente y profundizar en la presión pública, el estudio y el diálogo, pero resulta posible alcanzar a medio plazo el objetivo planteado.

7. No hemos de olvidar que la paz se construye sobre los fundamentos de la justicia. El desarme integral y el desarrollo integral están íntimamente conectados. Como el Papa Francisco recordó, el papa Pablo VI “estableció la noción de desarrollo humano integral y lo propuso como el “nuevo nombre de la paz”. Sin esta perspectiva de justicia es imposible entender los conflictos en nuestro mundo, a todas las escalas. Como se manifestó en la Conferencia, “un mundo sin armas nucleares no puede ser idéntico a nuestro mundo actual menos las armas nucleares”. Para alcanzar el equilibrio pacífico al que estamos llamados es necesario transformar muy profundamente nuestro modo de ser hacia una civilización del desarrollo humano integral en solidaridad con las generaciones actuales y las futuras y, por tanto, cambiar muchas de las estructuras, valores y comportamientos de nuestras sociedades actuales. Los conflictos muchas veces tienen su origen profundo en las desigualdades y en la injusticia. Sin actuar sobre estas últimas será imposible la construcción de una paz duradera.

8. El desarme nuclear es un problema global, que requiere una respuesta global. Como el Papa escribió en marzo de 2017, “La creciente interdependencia y globalización significa que cualquier respuesta al desafío de las armas nucleares debe ser colectiva y concertada, basada en la mutua confianza”. Por tanto, además de las conversaciones bilaterales o multilaterales que deben llevar a cabo los países que poseen armas nucleares, sólo desde el impulso de una opinión pública mundial convencida y comprometida con la eliminación del arsenal nuclear será posible una presión efectiva sobre todos los gobiernos. Por otro lado, como las consecuencias humanitarias y medioambientales tanto de la posesión como de la utilización de armas nucleares son por sí mismas globales, nadie puede ser excluido de este debate.

9. El desarme integral es tanto una necesidad urgente e inmediata como un proceso a largo plazo, basado en la consciencia de que todo está conectado en la perspectiva de la ecología integral (Laudato Si, 117, 138). Por ello, el destino común de la humanidad demanda un reforzamiento pragmático del diálogo y la consolidación de mecanismos de confianza y cooperación, capaces de crear las condiciones para un mundo sin armas nucleares. El diálogo es esencial, y este diálogo debe ser inclusivo, destinado a tanto estados nucleares como no-nucleares, y involucrando a la sociedad civil, las organizaciones internacionales, los gobiernos y las comunidades religiosas. En particular, la Iglesia Católica está llamada a anticipar este diálogo a todos los niveles y a utilizar todas sus herramientas educativas, pastorales y diplomáticas en esta dirección.

En definitiva, todo está conectado y todos estamos conectados. Entre todos podemos y debemos liberar el mundo de armas nucleares, invertir en desarrollo humano integral y construir la paz. Por ello, la Conferencia que acaba de celebrarse no es ni mucho menos el fin de la conversación, sino más bien el inicio de un futuro diálogo y acción al que estamos todos convocados.

 

Angel Ballesteros Castañeda

Consejero y miembro del Grupo sobre “Desarme Nuclear”

de la Comisión General de Justicia y Paz