Glosa al mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2020

Glosa al mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2020

El lema del Mensaje para este año es “La Paz como Camino de Esperanza: Diálogo, Reconciliación y Conversión Ecológica”.

El Papa nos propone la imagen de que la paz, “este bien precioso al que aspira toda la humanidad”, solo se alcanza siguiendo un camino de esperanza, en el que nos aparecen, como etapas o referencias imprescindibles, tres de los grandes valores que necesita la humanidad para sobrevivir con  dignidad,  y que son constantes  en su predicación: el diálogo, la reconciliación y la conversión ecológica.

Siguiendo esta imagen, nos recuerda que “la esperanza es la virtud que nos pone en camino, que nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables”. El Papa insiste así  en el valor de la esperanza,  la virtud que debemos cuidar cada día, como ya dijera en el Mensaje del año 2019.

El Mensaje es duro, pero realista, al describir los orígenes y consecuencias de las actuales situaciones de "guerras y conflictos…con una capacidad destructiva creciente, que afectan especialmente a los más pobres y a los más débiles…muchas víctimas inocentes, mujeres niños y ancianos, cargan sobre si el tormento de la humillación y la exclusión, el duelo y los traumas del ensañamiento sistemático contra su pueblo y sus seres queridos. …Toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana".

Concluye este primer apartado recordando su reciente viaje al Japón, donde   compartió el dolor de los “hibakusha”, los sobrevivientes  de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, con la condena a la carrera armamentística y en especial a “la disuasión nuclear [que] no puede crear más que una seguridad ilusoria…No podemos pretender que se mantenga  la estabilidad en el mundo a través del miedo a la aniquilación”.

A continuación nos recuerda que “la paz brota de las profundidades del corazón humano, para abrir  nuevos  procesos que reconcilien y unan las personas y las comunidades”.

Después de recordar, con palabras de “Gaudium et Spes” (Concilio Vaticano II), que “la paz debe edificarse continuamente”, retoma la imagen, tan  gráfica y querida para él,  de los “artesanos de la paz” que con su  ejemplo y  consagración al diálogo y al bien común, respondan ante “un mundo que no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos”.

Por ello, este camino  o  proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo, “es un trabajo paciente  que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre paso a una esperanza común más fuerte que la venganza”.

En este camino hacia la paz, tienen  un papel esencial el perdón sin límites (Mt. 18, 21-22) y la reconciliación por la que Cristo dio la vida (Rm. 5, 6-11), valores que nos llama a “encontrar en lo más profundo de nuestros corazones… con la fuerza y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas”.

En el epígrafe siguiente del Mensaje,  el Papa evoca, como un hito imprescindible del camino,  la conversión ecológica,  recordando el reciente Sínodo sobre la Amazonia,  “que nos lleva a renovar la llamada a una relación pacifica entre las comunidades y la tierra, entre el presente y la memoria, entre las experiencias y las esperanzas”.

Por ello, la reconciliación se manifiesta  también “en la escucha y la contemplación del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa común… que nos confió para ser cultivada y preservada (Gn. 2, 15).

Esta conversión  nos debe llevar “a una nueva forma de vivir en la casa común, de encontrarse unos con otros  desde la propia diversidad, de celebrar y respetar la vida recibida y compartida”.

La última parte del Mensaje se abre con una cita del  místico  San Juan de la Cruz: “Se alcanza cuanto se espera”.

 Dicho en otras palabras, no alcanzaremos la paz sino tenemos la firme  esperanza de conseguirla  y si no creemos que “el otro tiene nuestra misma necesidad de paz”.

Nos recuerda aquí el Papa que la cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza (por donde transita el camino opuesto, el que conduce a la guerra),  y propicia , para los discípulos de Cristo, “el Sacramento de la Reconciliación, que renueva a las personas y a las comunidades  y nos llama mantener la mirada en Jesús, que ha reconciliado < todas las cosas, las del Cielo y las de la Tierra, haciendo la paz por la sangre de su Cruz> (Col. 1, 20)”.

Este extraordinario canto a la esperanza que constituye el Mensaje de Francisco,  tras invocar, como cada año, a Maria, Madre del Príncipe de la Paz y Madre de todos los pueblos, se abre hacia el futuro en sus palabras finales:

 “Que cada persona  que venga al mundo  pueda conocer una existencia de paz y desarrollar plenamente la promesa de amor y vida que lleva consigo”.

Eudald Vendrell

Vicepresidente Justicia y paz