Hoja de opinión diciembre 2017

Hoja de opinión diciembre 2017

MIGRANTES Y REFUGIADOS: HOMBRES Y MUJERES QUE BUSCAN LA PAZ

 

Este es el lema que el papa ha escogido para la Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el día 1 de enero.
En esta ocasión el papa hace una reflexión dirigida más a las personas y a la sociedad en general, aunque al final también le habla a los responsables políticos.
El papa empieza deseando la paz a todos en el nuevo año que empieza, pero sobre todo, a los 2500 millones de migrantes del mundo de los cuales 22 millones son refugiados, que según el papa Benedicto XVI “son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar
para vivir en paz”. Para encontrar este lugar reconoce que el papa que en muchos casos tienen que hacer un largo viaje y peligroso en el que tienen que soportar el cansancio y el sufrimiento y en el que tienen que afrontar las alambradas y los muros puestos para alejarlos de su futuro.

 

¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes?

 

Son varias las causas que el papa enumera: limpiezas étnicas, guerras, conflictos, genocidios, degradación ambiental… En definitiva, personas buscan una vida más segura que les pueda dar mejores oportunidades de trabajo y educación.
Muchos de estos migrantes que llegan a nuestro país vienen siguiendo un proceso de regulación de acuerdo con nuestras leyes y normas, pero otros, acuciados por la desesperación se ven obligados a coger vías más peligrosas donde se ven sometidos a todo tipo de peligros y
vejaciones y en las que las personas más vulnerables son las mujeres y los niños.
Cuando llegan a los países de destino se encuentran que “se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección decada ser
humano”.

 

Una mirada contemplativa

 

La sabiduría de la fe es la que la alimenta, que nos hace descubrir a Dios que habita en los hogares, en las calles, en las plazas y nos hace promover el bien, la solidaridad, la fraternidad, la verdad y la justicia para realizar así la paz.
“Esta mirada nos debe llevar a descubrir que el migrante no llega con las manos vacías, trae consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen”.

También esta mirada descubre la creatividad, el espíritu de sacrificio, la tenacidad de muchas personas y comunidades que en todas partes del mundo abren sus casas y sus corazones a los refugiados, aún con considerables esfuerzos.
Igualmente, esta mirada debe guiar a los responsables del bien público para impulsar políticas de acogida que tengan en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos.

 

¿Qué debemos hacer?

 

El Papa propone cuatro “piedras angulares”. Cada propuesta viene reforzada por una cita bíblica.

 

“Acoger”. Hay que ampliar las posibilidades de entrada legal. No se puede expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia. Hay que equilibrar la preocupación por la seguridad nacional y la protección de los derechos humanos fundamentales. “No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles” (Hb 13,2).

 

“Proteger”. Es necesario reconocer y garantizar la dignidad de las personas que huyen de peligros reales, especialmente la de las mujeres y los niños. “El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 146,9).

 

“Promover”. Apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Los niños y los jóvenes deben tener la posibilidad de acceder a los distintos niveles educativos que les garantice una formación que les capacitará para salir al encuentro del otro, cultivando el espíritu de diálogo en vez del de confrontación. “Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto” (Ef 2,19).

 

“Integrar” para que los refugiados y migrantes participen plenamente de la vida de la sociedad de acogida donde se les reconozca plenamente y exista una colaboración mutua. “Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios” (Ef. 2,19)
No basta con sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás, habrá que trabajar mucho para que se vuelvan a sentir en paz en un hogar seguro.

 

Termina el Papa su mensaje recordando a San Juan Pablo II: “Si son muchos los que comparten el “sueño” de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en casa común”