La Iglesia Católica y el Tratado de 2017 sobre la Prohibición de Armas Nucleares

La Iglesia Católica y el Tratado de 2017 sobre la Prohibición de Armas Nucleares

Nota informativa, diciembre 2019

La Iglesia Católica y el Tratado de 2017 sobre la Prohibición de Armas Nucleares

Apoyo al TPNW

En su visita histórica de las ciudades afectadas por los bombardeos atómicos, Hiroshima y Nagasaki, en noviembre de 2019, el Papa Francisco, líder de la Iglesia Católica, declaró “inmorales” a todos los Estados que usaran o poseyeran armas nucleares. Asimismo, pidió un mayor apoyo por parte de los “principales instrumentos legales internacionales de desarme nuclear y de no proliferación, incluido el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares”. Declaró que la paz internacional no puede asegurarse en un equilibrio de poder militar, sino que debe basarse en confianza mutua. Además, añadió que un mundo sin armas nucleares es “posible y necesario”.

La Iglesia Católica ha sido uno de los principales promotores del Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares (TPNW) en el que 122 estados, incluido el Vaticano, votaron para su adopción en las Naciones Unidas en julio de 2017. Se trata del primer acuerdo multilateral aplicable para prohibir completamente las armas nucleares. En un coloquio promovido por el Vaticano en noviembre de 2017, el Papa dijo que el Tratado “rellenaba un vacío legal importante” y mostró que “un realismo saludable sigue brillando con una luz de esperanza en nuestro mundo ingobernable”.

“Nunca podemos cansarnos de trabajar e insistir con celeridad en apoyo a los principales instrumentos jurídicos internacionales de desarme y no proliferación nuclear, incluido el Tratado sobre la prohibición de armas nucleares.”

  • Papa Francisco, Nagasaki, 24 de noviembre de 2019

En la apertura de la firma del TPNW en septiembre de 2017 en Nueva York,, el Vaticano fue uno de los primeros estados  en ratificarlo. El jefe diplomático del Vaticano describió el tratado como “un golpe más en el yunque hacia el cumplimiento de la profecía de Isaías: “convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en ganchos de poda”. Cuando comenzaron las negociaciones para el TPNW en marzo de 2017, el Papa expresó su deseo de que el proceso de elaboración de tratado “constituya una etapa decisiva en el camino hacia un mundo sin armas nucleares”, algo “que está a nuestro alcance”.

El Vaticano instó a todos los demás estados a que ratificaran el TPNW “lo antes posible”, elogiándolo como “un paso importante hacia un mundo libre de armas nucleares”. Mediante su adhesión al tratado, los estados rechazan formalmente “la falacia de que “el poder hace lo correcto” y su pernicioso corolario moderno de que algunos países tienen derecho a las armas nucleares mientras que otros no”. También afirman que “la paz y seguridad internacional es lo que sostiene el bien común de toda la humanidad”.

Papa Francisco en el cenotafio para las víctimas de las bombas atómicas en Hiroshima, Japón, 24 de noviembre de 2019.

“Consecuencias humanitarias catastróficas”

La negociación del TPNW tuvo lugar como respuesta a la constante preocupación de la comunidad internacional sobre los riesgos y consecuencias del uso de las armas nucleares. En un coloquio promovido por el Vaticano en noviembre de 2017, el Papa Francisco avisó de las “catastróficas consecuencias humanitarias y medioambientales de cualquier empleo de dispositivos nucleares” así como del “riesgo de una detonación accidental”, destacando que las armas nucleares afectan “no solo a las partes en conflicto, sino a toda la raza humana”.

En el caso de un ataque nuclear, habría cientos de miles de muertos y heridos o tal vez millones.  Las enfermedades crónicas alcanzarían a los supervivientes, y el daño genético pasaría a las siguientes generaciones, como sucedió en 1945 en Hiroshima y Nagasaki tras los bombardeos atómicos. Un ataque nuclear también destruiría la mayor parte de las infraestructuras, interrumpiría la economía y causaría daños irreversibles al medioambiente. Incluso una denominada guerra nuclear “limitada” que incluye una pequeña parte de las armas nucleares disponibles en el mundo perturbaría gravemente el clima y la producción agrícola, dando lugar a grandes hambrunas.

Rechazo de “la destrucción mutua asegurada”

En los años recientes, la Iglesia Católica se ha vuelto cada vez más crítica con las estrategias de “disuasión nuclear”. Expone que dichas técnicas son “muy imperfectas” y que han favorecido la acumulación permanente de armas nucleares. En Nagasaki, el Papa Francisco anunció en su discurso que “las doctrinas nucleares” fomentan “un clima de miedo, desconfianza y hostilidad”, y que la posesión de armas nucleares nunca será la respuesta a nuestras preocupaciones relacionadas con la seguridad, paz y estabilidad.

"El uso de la energía atómica para fines de guerra es inmoral, así como la posesión de armas nucleares es inmoral ".
- Papa Francisco, Hiroshima, 24 de noviembre de 2019

El Papa también condenó el desperdicio de "recursos preciosos" en la "carrera armamentista" en curso e instó a los líderes a reflexionar sobre cómo se pueden emplear los recursos mundiales a la luz de la "implementación compleja y difícil" de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. "En un mundo donde millones de niños y familias viven en condiciones inhumanas", dijo, "el dinero que se desperdicia y las fortunas que se obtienen mediante la fabricación, actualización, mantenimiento y venta de armas cada vez más destructivas, son una afrenta que clama al cielo".

Acción por el desarme nuclear

En Nagasaki, el Papa dijo que un mundo libre de armas nucleares es "la aspiración de millones de hombres y mujeres en todas partes", y que hacer realidad este ideal "requiere la participación de todos: individuos, comunidades religiosas y sociedad civil" , los países que poseen armas nucleares y los que no, los sectores militar y privado, y las organizaciones internacionales ". Añadió: "Nuestra respuesta a la amenaza de las armas nucleares debe ser conjunta y concertada, inspirada en el arduo pero constante esfuerzo para construir confianza mutua y así superar el clima actual de desconfianza".

Los miembros de la Iglesia Católica han estado a la vanguardia de los movimientos de base para oponerse a las armas nucleares y promover el desarme, incluido el movimiento Ploughshares, que aboga por la resistencia activa a la guerra.