Mirada de las migraciones con las gafas de algunos textos bíblicos, Carmen Luisa González

Mirada de las migraciones con las gafas de algunos textos bíblicos, Carmen Luisa González

Desde una perspectiva bíblica, aparece claro que Dios está siempre atento para escuchar y responder al clamor de las personas y de los pueblos que sufren a causa de la marginación, injusticia, desigualdad, exclusión y pobreza.

El estudio de los textos de la Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, nos revela que el Dios de Jesús es Liberador que se manifiesta muy cercano a los migrantes en todas las épocas de la historia y en cualquier lugar de la tierra, por ser uno de los sectores más empobrecidos. A continuación, ofrecemos unas pinceladas de este recorrido.

ANTIGUO TESTAMENTO

Los emigrantes, junto con los huérfanos y las viudas, aparecen en el Antiguo Testamento, como uno de los grupos marginados de Israel.  Las causas de este empobrecimiento pueden ser laborales, económicas y/o sociales.

Abraham fue un extranjero perpetuo, carente de tierra propia y establecido de por vida en una sociedad a la que no pertenecía (Gn.23,4). Su historia es la de alguien desposeído de sus derechos, pero a la vez, portador de una bendición.

Israel conoce en su propia carne la experiencia de la emigración: “Conocéis la suerte del emigrante, porque emigrantes fuisteis vosotros en Egipto” (Ex 23,9).  Todo el Antiguo Testamento es una palabra dirigida a emigrantes y exiliados, a gente que conoce por experiencia la dureza de ser extranjero o emigrante forzoso: “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto...” (Dt. 26,5). Así se identifica Israel en una de sus profesiones de fe más antiguas.

El origen de la historia de Israel y de su constitución como pueblo está marcado por dos movimientos migratorios: El primero fue la llegada a Egipto de algunos clanes huyendo del hambre que padecían en Canaán (Gen.  42,1-8) y el segundo, el Éxodo: Dios saca a su pueblo de la opresión de Egipto para llevarlo a una tierra “buena y espaciosa”.

En el transcurso de su historia, Israel vive la experiencia profunda de la acción salvadora de Dios que le lleva a tener y proponer unas actitudes y comportamientos determinados: “No vejarás al emigrante” (Ex. 23,9); “No lo oprimirás” (Lev. 19,34); “No lo explotaréis” (Dt.23, 16); “No defraudarás el derecho del emigrante”. (Dt. 24,17); “Maldito quien defrauda al emigrante de sus derechos”. (Dt. 27,19).

De igual modo, el pueblo fue descubriendo colectivamente que la tierra es un don de Dios y, como se expresa en la Sagrada Escritura, no tiene dominio exclusivo sobre la misma, sino que debe compartirla con otras gentes, con unas actitudes éticas concretas.

Además, aparece claro que “Dios está con los inmigrantes” y que “declara al inmigrante beneficiario de todos los derechos”. La predilección de Dios por las personas migrantes tiene su fundamento, como decíamos más arriba, en los sufrimientos y debilidades que ellas padecen. 

Dios quiso que Israel siempre recordara su origen de inmigrante. Y les dice: “Tú pronunciarás estas palabras ante Yahveh tu Dios: Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí, siendo pocos aún, como inmigrante, pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa”. (Deut 26,5).

Este recuerdo de la experiencia personal y de pueblo, ha de ser una ayuda y garantía para acoger, tratar bien a los forasteros y practicar la justicia:No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto” (Ex. 22,20); “No oprimas al forastero; ya sabéis lo que es ser forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Lev 19,33); “Cuando un forastero resida junto a ti, en vuestra tierra, no le molestéis”. (Ex 23/ Dt 1, 5; Lv 25): “Así dice Yahveh: Practicad el derecho y la justicia, librad al oprimido de manos del opresor, y al forastero, al huérfano y a la viuda no atropelléis; no hagáis violencia ni derraméis sangre inocente en este lugar”. (Jer 22,3). 

La ley debe ser la misma para el nativo que para el inmigrante: “Una misma ley habrá para el nativo y para el forastero que habita en medio de vosotros” (Ex 12,49); “Una sola ley y una sola norma regirá para vosotros y para el forastero que reside entre vosotros”. (Núm, 15,16)

La ley exige que se ame al forastero. “Al forastero que reside junto a vosotros, le miraréis como uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo”. (Lev.19,34).

El forastero ha de ser incluido en la vida de la comunidad. “Durante tu fiesta te regocijarás, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que viven en tus ciudades”. (Deut 16,14).

NUEVO TESTAMENTO

La propia experiencia de Jesús, narrada por los evangelistas, nos manifiesta cómo ha de ser nuestra vida, las claves para nuestro compromiso con las migraciones y con las personas y pueblos afectados por este fenómeno:

El Evangelio de Lucas narra el nacimiento de Jesús fuera de la ciudad “porque no había sitio para ellos en la posada”. (Lc 2, 7).

Mateo en su Evangelio presenta la infancia de Jesús bajo la experiencia dramática de una emigración forzosa. “Se levantó, tomó al niño y a su madre y se refugió en Egipto, donde residió hasta la muerte de Herodes”. (Mt. 2,14-15).

Juan señala que su vida estará marcada por el rechazo: “Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron”. (Jn. 2,11).

En los Evangelios hay también lugares donde se rompe la exclusividad y se incluye a quienes, en principio, parece que “no pertenecían”. Jesús refiere varias veces a personas samaritanas que sirven de modelos de fe (el leproso agradecido: Lc 17, 15-16; El buen samaritano: Lc 10, 29-37).

La muerte de Jesús fuera de los muros de la ciudad será un testimonio de amor hasta el fin y de identificación solidaria con los excluidos y rechazados por el mundo. “Jesús salió de la ciudad santa para sufrir su pasión y purificar al pueblo con su propia sangre". (Heb 13,12).

Carmen Luisa González Expósito

Consejera Justicia y Paz


 

Tema: Mirada de las migraciones con las gafas de algunos textos bíblicos

Reto con las migraciones de joy

M.LuisaSan Juan | 26.06.2018

Nadie sale de su tierra por gusto. Si Dios está siempre atento para escuchar y responder al clamor de las personas y de los pueblos que sufren a causa de la marginación, injusticia, desigualdad, exclusión y pobreza, nos obliga a los cristianos, no sólo la ley , sino la caridad cristiana.

Muy importante la mirada de las migraciones con las gafas de los textos bíblicos.Muchas gracias.



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