Paz a esta casa

Paz a esta casa

Presentación del Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz 2019

 

Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson

Este deseo del papa Francisco para la familia humana al comienzo de este nuevo año, en su mensaje de Paz, proviene de las palabras de Jesús a sus discípulos cuando los envió a predicar el Evangelio: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc. 10,5-6)

Este saludo de paz con el que Jesús envió a sus discípulos se hace eco, a su vez, del saludo con el que Dios envió a su Hijo al mundo, a través del mensaje de los ángeles a los pastores en el nacimiento de Jesús: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace» (Lc. 2,14). 

Las buenas noticias de Jesús, ya sea en su nacimiento o cuando sus discípulos viajan por el mundo para proclamarlo, siempre van acompañadas de paz y traen paz. Esto es lo que el papa Francisco, con su saludo de paz de este Año Nuevo, nos recuerda: Jesús es el regalo de paz de Dios Padre, ¡y se ofrece dondequiera que se predique el Evangelio!

Confiada a los discípulos de Jesús, la paz es un regalo que se ofrece gratuitamente a cada hogar y a las personas dentro de él, ¡a quienes disponen de ella y cooperan con ella, como hijos de paz!

En el Mensaje de 2019, el papa Francisco identifica "la casa" en la que se ofrece la paz de Cristo con nuestros hogares, familias, comunidades, países y todas las personas dentro de estas agrupaciones, así como con la Tierra, todo el mundo, ¡nuestro hogar común!

Entonces, es fácilmente comprensible que el hecho de disponer de la paz y cooperar con ella, como hijos e hijas de la paz, significa que debemos procurar que se logre: debemos servirla en todos los tipos de casa anteriores.

Tenemos una idea de paz, este anhelo del corazón humano: sabemos qué es, qué caracteriza su presencia y qué contribuye a hacerla desaparecer. Este mensaje menciona "vicios de la política" que destruyen la paz: corrupción, denegación de derechos, violencia, ya sean guerras activas o guerras frías, el abuso y la negación de los derechos de las personas (pobres) a la atención médica, al empleo (seguridad laboral), la vivienda, la educación, la comunicación, la alimentación y el agua; forzar a emigrar o a buscar la paz como refugiado; la xenofobia y el racismo, la explotación desmedida del medio ambiente que provoca desastres naturales.

La verdadera función y atributo de la política es servir a la paz, en la casa común, que puede estar afligida con estos males.

Cada casa tiene sus recursos que necesitan ser gestionados y administrados para el bienestar de todos los habitantes de la misma. Algunos de estos recursos ya existen en el hogar (recursos naturales). Otros se consideran necesarios y útiles para vivir en él, y se desea que estén presentes trabajando por ellos: la paz, la justicia, la armonía, etc. Si, utilizando la etimología griega, llamamos oikos al hogar, entonces la gestión y administración de todos sus recursos para el bienestar y la felicidad de sus habitantes o ciudadanía es oikonomos = oikonomics = economics; y quienes moran o forman parte de la familia que, ya sea colectivamente o a través de sus representantes, ejercen este papel son llamados políticos. La política es el sistema de ciudadanos o el arte de supervisar y salvaguardar, a través de formulaciones de estrategias, la gestión de sus recursos para el bienestar común.

El deseo del papa Francisco y su oración por la paz en 2019 es que la política, esta supervisión -a través de orientaciones y leyes- de los recursos de los hogares nacionales, nacionales y mundiales, pueda llevar la paz a toda la ciudadanía de los hogares, especialmente a la juventud, a quien no se la puede robar su esperanza en el futuro. Últimamente asistimos a su privación de paz por la mala política.

¡Feliz Navidad!

 

Mons. Bruno Marie Duffé

Presentar la política como un servicio de paz es dotar de dignidad y visión a esta responsabilidad hacia la comunidad en un contexto mundial y local, donde la política parece más o menos descalificada, a veces, despreciada.

El Mensaje del Santo Padre habla, en primer lugar, de una misión que encuentra su inspiración en el mandato que recibieron los Apóstoles, cuando Jesús les dijo: "En la casa en que entréis, decid primero: Paz a esta casa" (Lc. 10, 5).

Hay paz que ofrecer a quienes sufren violencia, dolor, abuso de poder. Una paz que tendremos que construir conjuntamente, con la palabra, el diálogo y la salvaguardia de la ley. Una paz que tendremos que vivir como una relación de respeto, hacia el prójimo, hacia las personas pobres, hacia la Creación que es nuestro hogar común: "Paz a esta casa".

Sin embargo, ¿cómo es posible desarrollar y traducir el servicio a la paz en prácticas y acciones y cómo puede ser pacífica la política? Necesitamos un discernimiento permanente para encontrar lo que contribuye a la construcción del bien común y rechazar lo que obstaculiza la solidaridad... Aquí está la misión política, como camino cotidiano de encuentro, diálogo, conciliación y reconciliación mutua.

Este discernimiento es necesario para entender lo que dice el Santo Padre cuando habla de buenas políticas. Porque esta política que quiere y promueve el bien común y la paz social rompe con la búsqueda exclusiva del poder, el interés personal o de un grupo, que excluye a otros o no quiere construir la sociedad de una manera común. Cuando la política se convierte en un servicio, escucha a las personas, a todas, acoge los talentos y las aspiraciones de todas, con especial atención a las pobres y necesitadas. La buena política no quiere oponerse a los grupos ni a la comunidad - social, étnica o religiosa. En cambio, promueve iniciativas para hacer crecer la relación entre la ciudadanía. Conocer, escuchar, proponer y finalmente decidir por el futuro de la comunidad: ¡esta es una gran y noble misión!

Lo sabemos: la paz es frágil como una flor. No puede haber paz sin respeto mutuo, hospitalidad mutua y sin cumplir las promesas. La política supone lealtad y la paz no se reduce a una relación de fuerza.

No es un mercado. Es más bien un compromiso para las generaciones presentes y futuras. Pero también sabemos que el futuro comienza hoy. Como servicio de paz, la política es el cuidado de la relación, tanto dentro en la sociedad como en la cooperación entre estados y naciones, con su diversidad de culturas e historias.

La paz requiere ante todo el respeto de la ley y de los derechos humanos. La referencia a la Declaración Universal de Derechos Humanos, que hemos celebrado durante los setenta años desde su aprobación, destaca la dignidad de la persona humana y los derechos fundamentales (educación, salud, cultura, pero también la libertad de expresión y de religión) como condiciones de paz.

Como dijo el Papa Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris (1963), los derechos humanos son al mismo tiempo deberes humanos. La reciprocidad de derechos / deberes es una condición para una sociedad pacífica, con referencia en la fe cristiana, a un Dios de amor y perdón.

El mensaje del Santo Padre no quiere negar las derivas y los vicios que llevan a la muerte de la política y la paz: la corrupción, que es mala en todos los países; el poder del dinero; la relativización de la ley, la xenofobia, el racismo, la ideología que presenta a las personas migrantes como enemigas y todos los discursos que son incompatibles con una política de paz.

La responsabilidad por la paz comienza en el corazón de la persona y en el corazón de cada familia.

Pasamos de la familia humana a la familia de las naciones. La paz, sin embargo, nace en cada persona. Somos miembros de un solo cuerpo, dice San Pablo, tenemos un solo Padre que da su paz a todos.

La Palabra de Dios, que Jesús da a sus discípulos, los hace "artesanos de paz". "¡Benditos los artífices de la paz!" Esta paz es siempre paz con los demás: paz social, pero también paz con la naturaleza y paz con nuestra conciencia. "En la casa en que entréis, decid primero: Paz a esta casa" (Lc. 10, 5).