Armonía interconfesional

29.01.2026

Vivimos en un mundo cada vez más intercultural y plurirreligioso debido esencialmente al fenómeno migratorio global. Sin embargo, de un tiempo acá han aumentado actitudes racistas, xenófobas, supremacistas, islamofóbicas y sexistas, así como discursos de odio en partidos políticos de extrema derecha. Esta realidad está generando un clima de polarización, miedo, intolerancia y degradación de valores éticos.

En España hemos vivido una larga historia de religión única, que durante la dictadura franquista se la calificaba con el término de nacional-catolicismo. El Estado y la Iglesia identificaban el ser español con el ser católico. Algunos movimientos ultraconservadores todavía respiran este pensamiento. Sin embargo, hoy vivimos tiempos de pluralismo religioso con la presencia de otras confesiones religiosas e incluso con una variedad de tendencias dentro del mismo catolicismo y dentro del protestantismo. Con la llegada de migrantes del norte de África ha aumentado la presencia del islam. También en otros países de Europa toma fuerza el pluralismo religioso e intercultural que, sin duda, es un signo de riqueza que ofrece grandes posibilidades de interconfesionalidad e interculturalidad.

El diálogo interreligioso e intercultural es un imperativo y un desafío al que deben responder todas las religiones para construir una nueva sociedad de armonía y de paz. Sin aceptación de la diversidad, respeto, escucha, acogida y diálogo no hay posibilidad de convivencia y armonía social. El diálogo interreligioso no busca acuerdos doctrinales sino que gira en torno a la defensa y promoción de valores éticos comunes a todas las confesiones religiosas. Todas van al mismo lugar, pero no por el mismo camino, así como todos los ríos van al mar y una vez que llegan, sus nombres desaparecen porque sus aguas se han fundido en el gran océano. Todas las religiones buscan a Dios y todas lo encuentran a su modo, pero ninguna lo agota ni lo monopoliza.

La fe sincera en el Misterio de Dios nos ayuda a no absolutizar los credos religiosos y abrirnos al amor. En la Región de Murcia hacemos memoria de nuestro paisano Ibn Arabí, quien en el siglo XII decía: "Mi religión es el amor". Para él el amor impregna todo el universo y se manifiesta en todas las formas de la existencia. Este pensador y místico sufí describe cómo el amor divino se revela en la belleza de la naturaleza, en la relación entre los seres humanos, en la compasión con el pobre y en la búsqueda de la verdad que es el amor y la unión con la divinidad. En verdad, Dios es el Absoluto, no atado a ninguna religión, que se manifiesta en la profundidad de quienes están abiertos a su inspiración.

En este sentido, el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti hace una llamada a centrarnos en los elementos comunes que nos unen a todos los creyentes. Señala que "podemos y debemos encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes. Las cosas que tenemos en común son tantas y tan importantes que es posible encontrar un modo de convivencia serena, ordenada y pacífica, acogiendo las diferencias y con la alegría de ser hermanos en cuanto hijos de un único Dios" (FT.279).

Uno de los retos transversales que se les plantea a las religiones es la humanización de la sociedad mediante la promoción de la justicia, el bien común y la felicidad de todas las personas sin discriminación, el respeto a los derechos humanos, la opción por los pobres, la práctica de la compasión, la fraternidad universal, la defensa y promoción de la vida, la noviolencia activa, el diálogo como camino para la paz, el cuidado del medio ambiente y el respeto de la naturaleza, nuestra casa común. En definitiva, nos une la espiritualidad, que es la esencia de toda religión, y es mucho más que la institución. Esta espiritualidad se centra en la fidelidad y adoración al Dios de todos y en el amor a los demás, que es la regla de oro de todas las tradiciones religiosas y de los derechos humanos: no hagáis a los demás lo que no queréis que os hagan a vosotros; y todo cuanto queráis que os hagan los demás, hacedlo vosotros con ellos.

La práctica de la interconfesionalidad nos compromete a la resistencia frente a la violencia, la carrera armamentista y los conflictos armados. Retomamos lo que dijo el papa Francisco en la Fratelli tutti: "La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y los pueblos… Toda guerra deja al mundo peor que como lo habíamos encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal… Con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, se puede acabar de una vez con el hambre en el mundo y para el desarrollo de los países más pobres, de tal modo que sus habitantes no acudan a soluciones violentas ni necesiten abandonar sus países para buscar una vida más digna" (FT. 257, 261, 262).

Todos las confesiones religiosas deben unir esfuerzos en la búsqueda de unos mínimos éticos comunes para la construcción de una convivencia y armonía social y, sobre todo, para comprometerse en la búsqueda de soluciones a los problemas que afectan a la humanidad como son la escandalosa desigualdad socioeconómica, la pobreza, el hambre, los fenómenos migratorios, la agresión al planeta, la violación al derecho internacional y sobre todo las guerras y los genocidios, particularmente el de Israel en Gaza donde han muerto más de 90.000 personas, una tercera parte de ellas niños y niñas.

Es preocupante el auge de movimientos extremistas, ultraconservadores y antimigratorios que permean a la juventud. En concreto, crece la islamofobia y golpea la armonía interconfesional. Un camino para contrarrestar estas actitudes y aceptar al diferente es la educación. De ahí la urgente necesidad de que los niños y jóvenes, alumnos y alumnas de los centros educativos, conozcan las similitudes y diferencias entre los distintos credos. Para ello es necesaria una asignatura sobre Cultura de las religiones o Historia de las religiones, porque son patrimonio de la humanidad. Han incidido en la cultura, la economía, la filosofía y el arte (arquitectura, escultura, pintura…). Esta asignatura ayudaría a la niñez y juventud a conocer, valorar y respetar al diferente. La educación es el instrumento por excelencia de socialización y de convergencia de las personas y sirve para transmitir valores y tener un conocimiento amplio del mundo, de las diferentes formas de vida y de sus creencias.

Somos conscientes de que las religiones bien entendidas ofrecen mensajes y prácticas de amor solidario, que deben traducirse políticamente en el compromiso por la construcción de una sociedad más justa, solidaria, intercultural, interétnica, interreligiosa, fraterno-sororal, inclusiva y eco-humana. Para ello es necesario que las personas creyentes de diferentes tradiciones religiosas se conozcan y acepten mutuamente, pues existen más elementos que los unen de los que los separan.

Hubo un tiempo en que en España se implementó la asignatura escolar "Educación para la Ciudadanía" con el objetivo de desarrollar valores humanos y crear conciencia ética y crítica para vivir en sociedad. Mi experiencia, siendo profesor de esta asignatura, es que creyentes y no creyentes, católicos, evangelistas y musulmanes dialogaban y juntos buscaban caminos nuevos de convivencia fraterna. Paulo Freire decía: "La educación no cambia el mundo, pero cambia a las personas que van a cambiar el mundo". Yo me pregunto ¿de qué sirve que un joven sea experto en matemáticas, informática u otras disciplinas si carece de conciencia crítica, ética y social para vivir en sociedad? Lamentablemente, fuerzas aliadas al gran capital consideraron esta asignatura de "Educación para la Ciudadanía" como "adoctrinamiento". Y desapareció. Considero que fue un gran error histórico.

Los tiempos actuales están exigiendo cambios audaces en aras a la creación de una nueva sociedad interconfesional, profundamente humana, crítica, solidaria, dialogante y respetuosa con la diversidad. Es así como podremos caminar hacia un mundo de armonía y fraternidad universal.

Fernando Bermúdez, Justicia y Paz Murcia y Movimiento por el Diálogo Interreligioso