Cuando la palabra se convierte en espada
El lenguaje oral estructurado que posibilita la comunicación de ideas entre los seres humanos necesitó de una importante evolución del cerebro que solo se produjo en el homo sapiens. Se podría decir, en un sentido poético, que el soplo que Dios infunde en el ser humano es el lenguaje, la palabra, el don de la comunicación.
Nos parece obvio, que, una vez alcanzado el pensamiento abstracto, el homo sapiens buscara la comunicación de las ideas y el intercambio de estas, no obstante, para ello se precisó tanto del desarrollo cerebral como de cambios físicos en los órganos asociados al habla, uno de los mayores logros de la evolución. De ahí que la AI nos sorprenda y nos atemorice, porque sus interfaces lingüísticos han logrado una gran madurez y su lenguaje parece humano.
El lenguaje nos habla de la igualdad y la dignidad del ser humano, todos tenemos esa maravillosa capacidad, y es la base para la comprensión, el avance de la cultura y de la técnica. Sin embargo, el lenguaje, a veces, se convierte en una espada muy afilada que puede herir y humillar. Hay palabras que insultan y denigran, todos los idiomas tienen un "rico" repertorio de insultos
Por eso, el lenguaje puede contribuir a desunir y crear un clima de violencia tanto por las palabras, como por las construcciones y la forma en que se usan. Un caso paradigmático fue la reunión de Zelenski con Trump en la Casa Blanca. Una clara intimidación y humillación por parte de los poderosos.
En el parlamento español y en los autonómicos no estamos tan lejos de esa penosa escena, los insultos y el trato vejatorio de unas señorías para con otras está al orden del día, adjetivos como traidor o pirómana, frases como: dudo de su coeficiente intelectual, están a la orden del día. Y podríamos preguntarnos: ¿qué añaden estos epítetos al debate?, ¿lo ha mejorado en algo? O solo sirven para crispar y que el otro o la otra respondan "y tú más".
A esta violencia verbal no son ajenos los medios de comunicación que jalean esta violencia escribiendo con campos semánticos agresivos y bélicos: salieron en tromba, cargaron contra, se atrincheraron… Estilo que solo aporta encono a los hechos que se narran. Qué decir con respecto a las críticas al físico o a la forma de vestir de las mujeres, mezquindades que denigran, a las que se añaden lenguajes soeces o paternalistas.
Podríamos seguir con muchos otros ejemplos de lenguaje provocador que solo sirve para polarizar. Uno especialmente doloroso son los agravios e insultos a los niños y niñas por parte de sus compañeros de clase, que han llevado hasta el suicidio de algunos adolescentes, muestra palpable, desgraciadamente, de que la palabra puede convertirse en una espada que hiere e incluso mata. Las redes sociales no son ajenas a las ofensas y ultrajes, ni los deportes, en especial el futbol.
Pero, lo realmente grave, no es que el leguaje sea agresivo, que lo es, sino que al ser una representación del pensamiento si mi lenguaje es machista, es porque yo soy machista, si es violento, soy violenta, si mi lenguaje es intransigente equivale a decir que no admito la forma de pensar los demás. Esta manera de hablar y pensar conlleva tensiones que imposibilitan la cooperación y pueden degenerar en violencia física. La cortesía y el respeto no están reñidos con el debate de las ideas, aunque sean distantes y desde ahí si se pueden encontrar puntos de encuentro o al menos de acercamiento.
El papa León XIV en su mensaje de cuaresma nos dijo: "Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad"[3]. El papa nos pide que rehagamos nuestro lenguaje, porque si nos esforzamos en utilizar un habla educado y conciliador, nos estamos esforzando a que nuestro pensamiento sea más sosegado y colaborador con el resto de la humanidad.
Un buen empiece para transitar por el camino de la noviolencia y la cultura del encuentro.
Pilar de la Rosa, Vicepresidenta de la Comisión General de Justicia y Paz


