
El sufrimiento de las personas sin hogar
"Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt.5,7). Con esta bienaventuranza Jesús nos convoca para que ningún sufrimiento nos sea indiferente. Y con esta invitación queremos acercarnos a contemplar la durísima realidad que sufren las personas sin hogar.
El sinhogarismo es la forma más extrema y cruel de exclusión social: es no tener un lugar seguro donde poder dormir sin miedo; resguardarse del frio, el calor o la lluvia; guardar las pocas pertenencias sin que te la tiren o te la quiten; poder hacer las necesidades fisiológicas sin tener que esconderte... Todo esto es algo inimaginable para quienes no nos encontramos en esa situación.
En España se estima que hay más de 44.000 personas sin hogar, de las cuales más de 8.000 se encuentran en Andalucía. La esperanza de vida de una persona sin hogar se reduce en al menos 20 años. Son cifras escandalosas que deberían hacernos reaccionar como sociedad.
Con frecuencia escuchamos que las personas sin hogar están así porque quieren y no se dejan ayudar. Esto parece tranquilizar muchas conciencias en lugar de interpelarnos sobre qué le puede estar ocurriendo a una persona sin hogar para rechazar la ayuda que se le ofrece.
Muchas personas sin hogar sufren enfermedades mentales y/o adicciones, que pueden haber estado en el origen de su situación o bien ser consecuencia del sufrimiento del sinhogarismo. Estas personas son descartadas por la sociedad; se cronifican en su situación y quedan al margen del sistema de salud y los servicios sociales, porque su deterioro progresivo les hace incapaces de acudir a estos recursos y cumplir sus condiciones.
Otro aspecto sobre el que fijarnos son los recursos de alojamiento llamados "Albergues de tránsito". Este modelo es el que mayoritariamente ofrecen los municipios a las personas sin hogar, proporcionándoles, en el mejor de los casos, la estancia en esas instalaciones por un determinado número de días y luego se les echa de nuevo a la calle para que otra pueda ocupar la plaza. Es algo absurdo, irracional y yo diría que perverso. Es como si por ejemplo, escolarizamos a un niño por un trimestre y al siguiente lo echamos fuera para que otro niño pueda entrar a ocupar su lugar.
Y ante todo esto ¿qué podemos hacer?
Lo primero y fundamental que Jesús nos pide es "tener entrañas de misericordia": que ninguna persona sin hogar nos resulte invisible o indiferente.
Segundo, y muy importante, exigir a quienes se dedican a la política que aborden prioritariamente el grave problema del sinhogarismo que se cobra cientos de vidas cada año.
Por último, no caer nunca en la desesperanza, porque la esperanza es un arma poderosa contra la injusticia y porque como personas cristianas sabemos que el mal no tiene la última palabra.
Es cierto que hay mucho sufrimiento en el mundo ¡Demasiado!, pero junto a esto hay un incontable ejército de personas trabajando por un mundo más justo y fraterno.
Mila Fernández Bey. Justicia y Paz de Cádiz; Personas sin Hogar con Derechos
