Hacer que las armas nucleares pasen a la historia

09.01.2026

Hace ochenta años, las naciones del mundo se reunieron en la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se comprometieron a eliminar los arsenales nucleares. Hoy en día, en medio de renovadas tensiones geopolíticas y conflictos regionales, los riesgos asociados al uso de armas nucleares están aumentando. Sin embargo, incluso cuando algunos gobiernos planean invertir en nuevos arsenales nucleares, una coalición de naciones, organizaciones de la sociedad civil e instituciones internacionales está promoviendo una visión diferente, basada en el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN), que entró en vigor hace cinco años.

El TPAN es el primer acuerdo internacional que prohíbe de manera integral las armas nucleares. Ya ha comenzado a cambiar las normas, las expectativas y las políticas, incluso en países que no se han adherido al Tratado.

A continuación, enumeramos cinco maneras en las que el Tratado está transformando el panorama

1. Las armas nucleares ahora son ilegales.

El TPAN es el primer acuerdo mundial que prohíbe por completo las armas nucleares, prohibiendo su uso, posesión, desarrollo, ensayo y la amenaza de utilizarlas. Los Estados adheridos al Tratado también aceptan un camino para el desmantelamiento verificable e irreversible de los arsenales nucleares.

Aunque ninguno de los Estados que poseen armas nucleares se ha adherido al Tratado, desde su entrada en vigor, muchos países se han sumado al régimen más amplio de desarme nuclear y no proliferación mediante la negociación de acuerdos de salvaguardas o mediante la adhesión al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, lo que consolida la arquitectura jurídica mundial que se necesita para la eliminación total de las armas nucleares. El TPAN refuerza los acuerdos de no proliferación ya existentes y respalda el sistema internacional de salvaguardas supervisado por el OIEA. En un momento en que el progreso hacia el desarme a menudo parece estancado, el Tratado ofrece una vía jurídica clara hacia un mundo libre de armas nucleares.

2. La justicia nuclear ocupa ahora un lugar central en los debates mundiales sobre desarme

Una de las repercusiones más significativas del tratado ha sido su insistencia en que la política nuclear no puede separarse de la experiencia vivida por las personas afectadas por las bombas y los ensayos.

Las personas supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, al igual que las comunidades afectadas por los más de 2000 ensayos nucleares —desde el Pacífico hasta Asia Central, pasando por el norte de África y Nevada— ahora tienen voz en los foros mundiales. Sus testimonios han moldeado los debates no solo en el marco del TPAN, sino también en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en el proceso del Tratado de No Proliferación Nuclear. El Tratado ha creado un espacio dedicado a las comunidades afectadas para que exijan reconocimiento, asistencia médica y reparación medioambiental.

3. Se cuestiona el mito de la disuasión nuclear.

Durante décadas, los gobiernos con armas nucleares han justificado sus arsenales alegando que sus amenazas de daños masivos e indiscriminados mantienen la paz, mientras que omiten mencionar otros innumerables factores que contribuyen a ello. Sin embargo, la mayoría de los países que apoyan el TPAN sostienen que esta narrativa no se sostiene ante las pruebas. Las investigaciones científicas demuestran que cualquier uso de armas nucleares —ya sea intencionado, por error de cálculo o por accidente— conlleva riesgos extremos y provoca consecuencias humanitarias catastróficas.

Al basar el debate en evaluaciones de riesgos en lugar de en doctrinas militares, el Tratado ha contribuido a empoderar a los Estados sin armamento nuclear para que proyecten sus propias preocupaciones en materia de seguridad. Replantea la política nuclear como una amenaza global, y no como un asunto reservado a los nueve Estados poseedores de la bomba.

4. El debate sobre las armas nucleares se ha vuelto más democrático.

El Tratado ha disrumpido las jerarquías tradicionales de la política nuclear mundial, donde previamente los Estados con armas nucleares y un reducido círculo de expertos dominaban la conversación. En cambio, el TPAN ha abierto la puerta a todos los países, independientemente de su tamaño, y ha despejado el camino para que surjan nuevas voces al reconocer los impactos distintos que tienen las armas nucleares en poblaciones indígenas, mujeres y menores. Las reuniones del Tratado han contado con la participación de activistas, responsables de comunidades  y parlamentos de todo el mundo. El Tratado afirma que, dado que los daños nucleares no se detienen ante ninguna frontera, todo el mundo tiene no solo un interés, sino también el derecho a participar en el debate.

5. Los inversores institucionales que gestionan billones de dólares están retirando su apoyo financiero a la industria de las armas nucleares.

Declarar ilegal un arma puede afectar no solo a su posición política, sino también a su viabilidad financiera. Desde la entrada en vigor del Tratado, cientos de instituciones financieras, entre ellas bancos, fondos de pensiones y gestores de activos, se han comprometido a excluir a los grupos fabricantes de armas nucleares de sus carteras. En la actualidad, alrededor de 4,7 billones de dólares en activos están fuera del alcance de las empresas que participan en esta industria.

Cinco años después de la entrada en vigor del Tratado, los Estados poseedores de armas nucleares siguen oponiéndose firmemente y muestran una preocupación constante por la pérdida de legitimidad de estas armas de destrucción masiva. Sin embargo, el TPAN ya ha comenzado a cambiar el equilibrio de poder, a remodelar el debate y a desafiar la presunción de que el mundo debe seguir viviendo bajo la sombra de la bomba.

Noticia ICAN