La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”

21.01.2026

Este es el lema con el que el papa León XIV dirigió a todos un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz celebrada el 1 de enero. Con palabras de San Agustín el papa nos anima a ser agentes de paz: "Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás». Antes que una meta, nos dice el papa, la paz es una presencia y un camino". 

¿Qué entiende el papa como paz desarmada? 

En su mensaje la fundamenta en tres aspectos: -El seguimiento de Jesús. Cuando van a detenerlo le dice a Pedro "envaina tu espada". La paz de Jesús es una paz desarmada y por eso todos los cristianos trabajando conjuntamente deben hacerse testigos de esta novedad recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. Debemos pensar que la paz no es un ideal lejano sino que debe ser una paz experimentada en la vida doméstica y en la pública. Si no se experimenta se corre el peligro de considerar como una culpa de los dirigentes el que no se nos proteja lo suficiente para responder a la guerra, para reaccionar a los ataques. Por esto, se atiende a la razón de la fuerza antes que a la fuerza disuasiva del diálogo, la intermediación y el derecho internacional. -La denuncia del creciente gasto militar. Cuando se ve la paz como una utopía inalcanzable se ve lógico que el gasto militar aumente. En el último año este ha sido de un 9,4% a nivel mundial, lo que supone un 2,5% del PIB. Es necesario, afirma el papa, denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. -El cultivo de una cultura de paz. El verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella. Por eso es necesario que no se destruyan puentes, ni se insista en los reproches; es preferible el camino de la escucha y, cuando sea posible, el encuentro con las razones de los demás.Denuncia también el papa las políticas educativas que en vez de cultivar la memoria de los millones de víctimas ocasionadas por las guerras en el pasado siglo, difunden programas educativos en escuelas y universidades, y también en medios de comunicación, en los que se transmiten una noción meramente armada de defensa y seguridad. 

¿Qué entiende el papa por una paz desarmante? 

También aquí podemos destacar tres aspectos. -La paz debe brotar del corazón de cada uno, la bondad es desarmante dice el papa. Quizás por eso Dios se hizo niño para que contemplando la fragilidad de ese niño y de cualquier hijo nuestro, la humanidad pueda sentirse amada en el cuidado y ternura de toda fragilidad. La paz verdadera solo se puede alcanzar con la renovación del corazón y de la inteligencia, como afirmaba San Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris. Es muy necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante la creatividad pastoral y generativa. -Las religiones deben ayudar a la paz. Hoy, dice el papa, se ve cada vez más cómo forma parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político y así se bendice el nacionalismo y se justifica religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente todo esto, especialmente con su propia vida, cultivando también la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y encuentro con el otro. Cada comunidad se debe convertir en una casa de paz donde se desactiven la hostilidad hacia el diferente y se practique la justicia y el perdón. -La política. Actualmente, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes.Los responsables políticos deben procurar que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio fundamentado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de los mismos. El camino del desarme debe ser, el de la diplomacia, el de la mediación y la aplicación del derecho internacional, que tristemente se desmiente por la violación de acuerdos alcanzados con grandes esfuerzos, en un contexto que requiere no la deslegitimación sino el reforzamiento de las instituciones supranacionales. 

¿Cómo luchar en un tiempo de desestabilización y conflictos contra la desesperanza? 

Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza. Para ello, es importante dar a conocer formas de asociacionismo responsable, experiencias de participación no violenta, de práctica de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Termina el papa deseando que este sea un fruto del Jubileo de la Esperanza que ha impulsado a millones de personas a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos el desarme del corazón, de la mente y de la vida.