Justicia Social: El rostro humano de una paz “desarmada y desarmante”

11.02.2026

En el marco del Día Mundial de la Justicia Social, la comunidad internacional se detiene a reflexionar sobre las brechas de desigualdad que fracturan nuestro mundo. Este año, la reflexión cobra una profundidad especial bajo la luz del mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz 2026: "La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante". 

A menudo, tendemos a separar la justicia social de la paz, como si la primera fuera un asunto de leyes y economía, y la segunda, un tema de diplomacia y ausencia de guerra. Sin embargo, el mensaje del Santo Padre nos recuerda que la paz no es un objetivo lejano, sino una presencia y un camino que comienza en el corazón y se manifiesta en la estructura misma de la sociedad.

1. El desarme del corazón como base de la Justicia

La justicia social no puede florecer en un terreno abonado por la desconfianza y la agresividad. El papa León XIV denuncia cómo la "lógica de la disuasión" y el rearme constante —no solo militar, sino también verbal y social— han permeado nuestra convivencia.

"Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública", advierte el Pontífice.

Para que exista justicia, es necesario un desarme integral. No se trata solo de reducir presupuestos militares, sino de desarmar la mirada que ve en el pobre a un número, en el migrante a una amenaza, o en el adversario político a un enemigo. Una justicia "desarmada" es aquella que renuncia a la fuerza como único método de orden y apuesta por el diálogo y la dignidad humana.

2. Una paz "desarmante" ante la inequidad

El concepto de paz "desarmante" que propone el Papa es una invitación a la creatividad social. Lo que desarma no es la debilidad, sino la bondad y la coherencia. En un sistema económico que a menudo privilegia los intereses financieros sobre la vida humana, la justicia social actúa como esa fuerza desarmante que cuestiona el status quo:

  • La dignidad del trabajo: Una remuneración justa, un trabajo con derechos desarma la lógica de la explotación. Tierra, trabajo y techo son los pilares de una nueva humanidad.
  • El acceso a la salud, a la vivienda y a la educación: Estos derechos desarman el ciclo de la pobreza hereditaria. Son los tres pilares del Estado social y democrático.
  • La solidaridad internacional: Desarma la indiferencia de las naciones ricas frente a las crisis humanitarias. Y se fundamenta en una fiscalidad justa y progresiva que redistribuye ad intra y ad extra de nuestros estados.

3. Los desafíos tecnológicos y la ética social

El mensaje papal de 2026 hace hincapié en un riesgo contemporáneo: el uso de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en la guerra y la economía sin un marco moral. En el Día de la Justicia Social, esto nos obliga a preguntar: ¿Estamos usando la tecnología para cerrar brechas o para crear nuevas formas de exclusión? Una justicia social auténtica debe reclamar que el progreso tecnológico esté al servicio del bien común y no de la vigilancia o el control desmedido de los más vulnerables.

4. Artesanos de la Justicia: El llamado a la acción

Finalmente, el Papa recurre a San Agustín para recordarnos que para encender a los demás, debemos arder nosotros mismos en aquello que poseemos. «San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: "Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás"» [S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 3].

La justicia social no es algo que se "espera" de los gobiernos; es algo que se "cultiva" en la comunidad. La justicia social no se logra solo con declaraciones legales, no se logra solo con declaraciones constitucionales, no se logra ni siquiera con grandes pactos internacionales de carácter universal. La justicia social precisa del compromiso permanente de cada ser humano en todo lugar y en todo momento: necesita nuestro compromiso en casa con la familia, en la calle con el vecindario, en el trabajo y en el ejercicio de la ciudadanía con toda responsabilidad.

Convertirnos en "centinelas de la noche" —como los llama el Santo Padre— implica denunciar las injusticias sistémicas mientras trabajamos en soluciones locales de encuentro y perdón. La justicia social es el nombre que le damos a la paz cuando se aplica a la vida cotidiana de los pueblos.

Conclusión

Este 20 de febrero, la invitación es clara: no consideremos la justicia y la paz como utopías inalcanzables. Si logramos encarnar esa paz desarmada que propone León XIV, estaremos construyendo una sociedad donde la justicia no sea un ideal jurídico, sino una experiencia vivida.

"La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita "basta", a la paz se le susurra "para siempre". Dejemos que habite también en nuestras leyes, en nuestra economía y en nuestras manos.

Francisco Javier Alonso Rodríguez, presidente de la Comisión General de Justicia y Paz