
Magnifica Humanitas y las raíces de Justicia y Paz
En Justicia y Paz hemos acogido con gran alegría la encíclica Magnifica Humanitas (MH), que ha regalado el papa León XIV a la humanidad. En ella sentimos actualizada la razón de ser de nuestra misión, no sólo por fortalecerla para seguir presentes en la tarea de ir transformando un mundo que "se sitúa ante una encrucijada histórica que no se refiere simplemente al progreso técnico, sino al sentido mismo del desarrollo y de la convivencia humana". El carácter de los valores, principios y criterios que deben regir esa transformación, recogidos de manera tan sistemática y actualizada en el capítulo 2 de la encíclica dedicado a la DSI, aparecen de manera transversal a lo largo de todo el texto. Estos principios y valores se ponen en contraste y diálogo con las nuevas realidades sociales, que exigen ojos abiertos, corazón sensible y mano pronta, para juzgar si las tecnologías (cultura, relaciones, política, …) y hasta la propia acción y ser de la Iglesia sirven realmente a la humanidad, como impulso a una civilización del amor que se compromete a construir la ciudad (la polis) de la convivencia y de la paz o por el contrario terminan por someterla o considerarlas como orientación para nuestras decisiones. Volvemos a preguntarnos si optamos por construir un mundo Babel o la Jerusalem de Nehemias (MH 184, 185).
En la perspectiva de la DSI, la encíclica Magnifica Humanitas recuerda la orientación del Concilio Vaticano II, según la cual es tarea del pueblo de Dios "escuchar atentamente, discernir e interpretar los diferentes lenguajes de nuestro tiempo". La Doctrina social se presenta, así, como un patrimonio dinámico, que crece con el tiempo sin traicionar el núcleo esencial de la fe.
Es decir, nos presenta una DSI viva, dinámica, insertada en lo concreto de la historia. Nos plantea el doble reto —fijándonos en las res novae de personas, comunidades y realidades globales sobre y con las que trabajamos— de «no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo», como refleja la GS 1, y de «adaptar la enseñanza del Evangelio al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos». [MH 21 y 22].
Patrimonio que hay que cultivar y custodiar con cuidado para invertirlo en el hoy global con sus "desafíos": la respuesta a nuevos dominios de poder y control, el fomento de la cultura de la paz, una DSI en el diálogo con el mundo actual, un desarrollo equitativo y sostenible, el cuidado de la casa común con una ecología sostenible y el respeto a la dignidad humana como base, criterio y principio de nuestro ser, estar y hacer.
Estamos ante una encíclica que nos anima a leer, discernir y comprometernos con los nuevos signos de los actuales tiempos, colaborando en la construcción de otro mundo posible, y respondiendo a nuevos retos para avanzar hacia una Iglesia en diálogo con la humanidad, construida desde el respeto a la defensa de la dignidad de "todo el hombre y todos los hombres", la búsqueda del bien común, la fraternidad, y la paz como fruto de la justicia.
Si la MH se pregunta "¿Hacia dónde vamos?, ¿hacia qué meta deseamos orientarnos?, ¿qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblo?" (MH 6), y afirma que "la magnífica humanidad se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos" (MH1), una alternativa simbólica que introduce desde el inicio la confrontación entre una construcción basada en el poder y la autosuficiencia y un camino de responsabilidad compartida y comunión, podemos afirmar que ésta no es tanto una encíclica sobre la inteligencia artificial (IA) cuanto sobre la custodia de la persona humana en un cambio de época donde, al igual que al final del siglo XIX se abrieron los ojos de la Iglesia a los retos de la revolución industrial que exigía la defensa de los derechos por la dignidad de la clase obrera contra la explotación, toca ahora estar prontos en la defensa de la dignidad, libertad e intimidad, ante el dominio de una IA que necesita un fuerte discernimiento para que no llegue a socavar el bien común, la solidaridad y la justicia social. Retos en dos momentos históricos diferentes pero que, así como determinó la elección del nombre como León XIV del actual papa, debe determinar también no "temer ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo". (MH 16).
Ésta no es tanto una encíclica sobre la inteligencia artificial (IA) cuanto sobre la custodia de la persona humana en un cambio de época
Ya en el 2024, elaboramos nuestro argumentario construido sobre 5 ejes transversales, donde, como eje nuevo, introducíamos el de la IA, junto con los clásicos de la Paz, la DSI, los DDHH y la Ecología. Intuíamos ya que nos surgía un campo nuevo que nos estaba exigiendo abordarlo y sobre el que discernir y buscar respuestas a los nuevos dominios de poder y control, preservando el fomento de la cultura de la paz, una DSI en el diálogo con el mundo actual, un desarrollo equitativo y sostenible, el cuidado de la casa común con una ecología sostenible y el respeto a la dignidad humana como base, criterio y principio de nuestro ser, estar y hacer.
La encíclica nos emplaza, así, a caminar por 5 vías de responsabilidad compartida (MH 212-220):
- 1. "Desarmar las palabras" (propuesta de Noviolencia);
- 2. "Construir la paz en la justicia" ("Hay estrecha relación entre la justicia de cada uno y la paz para todos". "La justicia y la paz se besan… no están en discordia");
- 3. "Asumir la mirada de las víctimas" ("Abandonar vacilaciones y tomar partido. No basta con no ser cómplices. Mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas");
- 4. "Cultivar un sano realismo" (realismo auténtico que no renuncia a cambiar el mundo, en el que la paz sea más que palabra: instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones y prevención de conflictos"); y
- 5.- "Relanzar el diálogo", como alternativa al conflicto abierto"
Al igual que se recogía en Populorum Progressio, el documento indica las coordenadas de un desarrollo integral y solidario del ser humano y la humanidad toda, señalando la urgencia de una acción solidaria que presenta el desarrollo como "el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas", que responde a una exigencia de justicia a escala mundial, que pueda garantizar la paz planetaria y hacer posible la realización de un humanismo pleno.
No solo un sueño, también una apuesta: Podemos contribuir con determinación a las iniciativas que construyen un mundo más justo, y podemos invitar a otros a colaborar en la promoción del desarrollo integral, entrar en el diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo; podemos identificar, junto con ellos, nuevos caminos para el bien común y la promoción de una vida digna para todas las personas y pueblos (Cfr MH 2). Todas las personas a cualquier nivel podemos contribuir al fundamento de la Paz que es la justicia (MH 215) "En esta obra estamos llamados a asumir un papel activo, sin refugiarnos en espiritualismos ni en nuestros pequeños mundos: debemos ser fieles a la verdad … y amar la justicia y la paz" (MH 236).
Fidel García, Secretario General de la CG Justicia y Paz
