Solitas, solitos

16.04.2026

El 12 de abril se conmemora el día Internacional del Niño o Niña de la Calle, o en situación de calle, por iniciativa de Consortium for Street Children (CSC), una de las redes internacionales más importantes dedicadas a la protección de los derechos de las y los niños de la calle.

Según los informes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), existen 100 millones de niñas y niños abandonados en todo el mundo, de los cuales 40 millones pertenecen a América Latina. Con edades que oscilan entre los 10 y 14 años, son condenados a intentar sobrevivir en el único "hogar" que tienen disponible, esto es, las calles del continente.

No obstante, en este día, quiero hacer referencia a "otros" niños vulnerables y solos que pueden terminar siendo parte de esa infancia condenada a vivir en la calle, me refiero a esos solitos y solitas que emprenden largos recorridos a través de numerosos países para llegar a USA o a los países europeos, y en especial a Canarias, Ceuta y Melilla.

Los datos que proporciona Save the Chlidren son escandalosos, ya que reseñan que hay 30 millones de niños y niñas que viven lejos de sus hogares por haberse visto obligados a desplazarse a otro país. Muchos de ellos deben alejarse de su casa sin la protección de sus progenitores o de otras personas de confianza, mientras que otros sufrirán la separación durante los largos periodos de tránsito en países ajenos. [2]

En el libro Solito, de Javier Zamora, que relata su experiencia como niño que viaja sin nadie de su familia desde Salvador a "La USA", nos dice cuando va a realizar su travesía final por el desierto de Sonora para llegar al país en el que están sus padres: "Pido que lleguemos bien, para que la Migra no nos encuentre, para que al fin miré a mis papás". Lo dice un niño de nueve años aterrorizado.


Otros muchos niños parten de Níger, Mali o Senegal para llegar a Europa, por diferentes motivos, ninguno bueno. ¿Podemos imaginar el dolor de esos padres que mandan a sus hijos a un viaje incierto, acompañados por algún primo o vecino, o quizá tan solo de las mafias que les guían?, ¿podemos imaginar el trauma de esos niños y niñas? Pensemos en nuestros hijos e hijas adolescentes en esa situación. Y no olvidemos que muchos mueren en la travesía. ¿Cuántos? No lo sabemos.

Centrémonos en los niños que llegan a España a través de Ceuta, Melilla y Canarias, son niños que han atravesado el Atlántico o el Mediterráneo, quizá tras muchos meses de caminar sin apenas medios, y ¿cómo los recibimos? Se podría decir que ni siquiera los recibimos, los hacinamos o los expulsamos en caliente, sin cumplir ni las leyes internacionales ni las españolas.

El informe anual del Ministerio del Interior recoge que "en 2024 se interpusieron en Canarias 3.767 denuncias por menores desaparecidos." Otro dato escalofriante de Canarias, de enero del 2026: "785 menores migrantes llevan más de un año desaparecidos" ¿Qué ha pasado con esos niños? ¿Son ya de calle, han seguido su viaje a otros países? ¿Han sufrido trata? Y aunque nos parezca horrible, ¿algunos desalmados han utilizado sus órganos? ¿ A quién le importa?

Son muchas las organizaciones que denuncian esta situación, desde el Defensor del Pueblo a UNICEF. Incluso el Tribunal Supremo, en marzo de 2025, tras la demanda presentada por el Gobierno canario ante la saturación de sus centros de acogida, el Tribunal emitió un auto que obligaba al Ejecutivo central a asumir la responsabilidad y organizar la reubicación de estos menores. ¿Qué se ha hecho desde entonces? Ni el gobierno central, ni los gobiernos autonómicos han hecho nada, o casi nada. Nadie quiere a esos adolescentes menores de edad, porque "solo dan problemas".

Es cierto, que el mundo está en crisis, que hay masacres, que hay guerras, y debemos alzar la voz por todas esas situaciones injustas, sin olvidar que el trato dado a estos menores, con la falta de identificación, el hacinamiento o la ausencia de una escolarización adecuada compete directamente al pueblo español y a nuestros gobernantes que debemos ser los garantes de los derechos de esos niños y niñas. No podemos callarnos ante esta situación injusta que afecta a lo más valioso de la humanidad: la infancia.

No me preocupa tanto la gente mala sino el espantoso silencio de la gente buena. Martin Luther King

Pilar de la Rosa, vicepresidenta CGJP y JP Madrid