Una voz moral de esperanza
En medio de un mundo caracterizado por el incremento armamentista, las guerras, la xenofobia, la corrupción y la creciente polarización político-social, aparece una voz moral global, llamando a la paz y a la esperanza. El papa León XIV, siguiendo los planteamientos humanistas del papa Francisco, en sus distintos discursos durante su visita a España, invita a todos los ciudadanos a alzar la mirada con la esperanza de que otro modelo de mundo más humano es posible. La cultura del encuentro es superior a la cultura del enfrentamiento.
Afirmó el Papa que la historia de España demuestra que la estabilidad y la prosperidad nacen del encuentro y no de la confrontación. Invitó a superar las divisiones ideológicas, los enfrentamientos y discursos de odio y buscar espacios de diálogo auténtico. Proclamó que la realidad debe prevalecer sobre las ideologías. Alertó sobre el peligro de vivir encerrados en ideas preconcebidas. Reivindicó la verdad de la realidad frente a los discursos ideológicos que terminan enfrentando a las personas entre sí.
Uno de los ejes más repetidos de su discurso en el Palacio Real fue la necesidad de sanar heridas, abandonar relatos polarizantes y construir una convivencia basada en la justicia, la paz y el reconocimiento mutuo.
Defendió la dimensión espiritual de la persona como fundamento de una sociedad verdaderamente libre. La libertad religiosa y de conciencia es un bien que debe protegerse, señaló.
Recordó el legado histórico de convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, poniendo como ejemplo la Escuela de Traductores de Toledo. El diálogo entre culturas y religiones forma parte de la identidad española. Hizo memoria de los sabios hipano-musulmanes y judíos Averroes y Maimónides y de grandes santos españoles como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Tomás de Villanuva e Ignacio de Loyola. España ha sido un país abierto al mundo, una nación intercultural y solidaria.
Llamó a aceptar a quienes llaman a nuestras puertas, huyendo de la pobreza y de las guerras, reconociendo el rostro de Cristo en cada hombre y mujer, más allá del color de la piel, nacionalidad, lengua o credo religioso. Todos somos hermanos y tenemos la misma dignidad y los mismos derechos. "Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano", insistió.
El Papa mostró preocupación por el impacto de las nuevas tecnologías cuando amplifican prejuicios, debilitan el pensamiento crítico o favorecen intereses que degradan la dignidad humana. La tecnología exige discernimiento crítico y ético, tal como lo reflejó en su excelente encíclica Magnifica Humanitas.
Dirigiéndose a responsables políticos y económicos, sostuvo que la verdadera seguridad no se construye con muros ni armas. Nace de la conciencia de solidaridad, de invertir en educación, en investigación, en el desarrollo de las comunidades locales y cohesión social.
Reclamó que las decisiones públicas incorporen la mirada en los pobres y en los jóvenes, y recordó que la opción preferencial por los más vulnerables debe traducirse en acciones concretas. Insistió en que ayudar no consiste únicamente en dar recursos materiales, sino en mirar a las personas a los ojos, escucharlas y reconocer plenamente su dignidad humana. Subrayó que la vida de todo ser humano merece respeto absoluto, sea nacional o extranjero, rico o pobre.
Ante miles de jóvenes, explicó que el silencio permite distinguir la verdad entre las múltiples voces que compiten por captar la atención de las personas. El silencio, dijo, libera del ruido de las ideologías y de los intereses pasajeros. El silencio es el primer camino para escuchar a Dios. Les requirió que sean humanos, que no sean indiferentes ante la humanidad sufriente, que destierren el racismo y la discriminación.
Invitó a la juventud a transformar la sociedad desde la familia, la universidad, el trabajo y también desde el entorno digital, convirtiéndose en testigos creíbles del Evangelio. Los jóvenes deben ser protagonistas del cambio social. El mensaje final de la vigilia con los jóvenes fue una llamada a vivir con autenticidad: buscar la justicia, rechazar la indiferencia, combatir la mentira y construir una humanidad nueva desde el amor. "Sed humanos", repitió el Papa, presentándolo como el gran desafío de esta generación.
Fernando Bermúdez, Justicia y Paz Murcia.


